Por Vicky Chavez
Neuquén > De acuerdo con los historiadores de la obra Salesiana en la Patagonia, Juan Bosco nunca visitó esta región pero soñaba frecuentemente con ella. A pesar de muchas imprecisiones e interpretaciones fantasiosas, se estableció que en la noche del 30 de agosto de 1883 soñó la existencia de petróleo en la Patagonia, años antes de que se descubriera.
El sueño mostraba cómo sería la realidad después de cierto tiempo. Y se veía quizás en la latitud del Paralelo 47 una gran ciudad que no existía en 1883, cuando sólo vivían Punta Arenas y Carmen de Patagones. Corresponderá la visión a la futura ciudad de Comodoro Rivadavia. Luego también desde Turín otro salesiano, el padre Stefenelli, soñaría con el territorio del Alto Valle y con plantaciones de alfalfa sin presentir que luego se concretaría en otra realidad.
Entre estos apóstoles de la obra salesiana en la Patagonia deberíamos citar a monseñor José Fagnano, "el capitán bueno", como lo llamarían los aborígenes; al padre Domingo Milanesio, que supo misionar por Valcheta; al padre Bernardo Vacchina; al "ángel del Colorado", el padre Pedro Bonacina; al padre José María Brentana reconocido en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén; el padre Miguel Borghino, "ligado al progreso de Bahía Blanca"; al padre Evasio Garrone; los padres Marcelo Gardín, Francisco Calendino; los relacionados con la cultura y la investigación, los padres Raúl Entraigas, Pascual Paesa, Juan Belza, José Beauvoir, Maggiorino Borgatello, Pedro Giacomini, Lorenzo Maza, Luis Pedemonte y los casi contemporáneos Ernesto Szanto, Oscar Barreto, Alberto Dumrauf, Martínez Torrens, Jaime Belli, entre otros
Luego de ordenado sacerdote, San Juan Bosco empleó todas sus energías en organizar y mejorar la educación de los jóvenes. Con ese espíritu, y tomando como modelo a San Francisco de Sales, fundó la congregación de los salesianos -cuyo nombre recuerda a aquel santo- dedicada a la educación de los jóvenes de todo el mundo. Los salesianos han tenido una extraordinaria difusión en el sur patagónico.
El 31 de enero de 1963, San Juan Bosco fue designado Patrono de la provincia del Neuquén.
Deseo de ser misionero
El padre Jacinto Stábile nació el 8 de abril de 1920 en Teano, Provincia de Caserta, Italia y falleció en la localidad de Centenario, el 13 de enero de 1989, a los 68 años.
Recibió el Sacramento del Bautismo en la Parroquia de San Marcos de su ciudad natal.
Cuando tenía quince años recibió el Sacramento de la Confirmación el 15 de septiembre de 1935 en la parroquia San Marcelo de Pugliano.
Su vocación religiosa estuvo a la vista desde muy joven ya que el 1 de octubre de ese mismo año ingresó en el Colegio Salesiano de San Severo. Cuando terminó los cuatro años de estudios secundarios ingresó al noviciado en Portici, desde el 14 de agosto de 1939 al 16 de agosto de 1940. Allí emitió su primera profesión, que fuera renovada en 1943.
En la carta de petición para el ingreso había escrito: “Desde el comienzo del año siento el deseo de ser misionero. A veces tuve ganas de acercarme a Usted para consultarlo, pero un superior me sugirió que conserve celosamente esa vocación, pero que consulte al respecto en el noviciado”.
Su vocación
En la Inspectoría de Nápoles, Stábile realizó sus estudios de Filosofía y el tirocinio. En Roma, en 1945, cursó el primer año de Teología. El 7 de septiembre de 1946 ingresaba a la Congregación Salesiana para cumplir los mandatos de Dios.
Posteriormente, estudió en el Instituto Teológico “San Gregorio” de Catania, donde fue ordenado sacerdote el 11 de junio de 1949. Sus dos primeros años de sacerdocio los pasó en la Inspectoría de Nápoles.
Sueño misionero
La síntesis de su biografía, realizada por el padre Benjamín Stochetti con motivo de su fallecimiento, nos dice que sorpresivamente lo encontramos en Fortín Mercedes, como maestro y asistente en 1951.
Stochetti afirma que “no hemos hallado documentación como para reconstruir los pasos que lo llevaron a realizar su sueño misionero”, pero bastante nos acercamos.
Durante tres años (1952-1954) trabajó en Comodoro Rivadavia, luego estuvo en el Colegio San Miguel de P. A. Stefenelli, en el Alto Valle de Río Negro. Ya en 1958 comenzó su apostolado en Centenario, en donde se quedó todo el resto de su vida pastoral.
Su alma de salesiano
“El hombre, el cristiano, el sacerdote evangeliza y convence más por lo que es que por lo que hace”, recapacitó el biógrafo del padre Stábile. “Su personalidad simpática, peculiar y única lo definían como a Don Bosco: siempre sacerdote”, agregó Stochetti, totalmente identificado con su misión.
Por su parte, el padre Graciano Cavalli, amigo de Stábile y vecino de la parroquia Barrio Sarmiento, escribió acerca del deceso de su amigo: “Movido por el cariño y una convivencia de casi veinte años, puedo decir que el padre Stábile tenía muy clara y renovaba continuamente su intención fundamental, acercar a Dios a todos los que pudiera. Todas sus obras, el mismo andar pidiendo, estaban motivadas como medios para acercar a los hombres a Dios”.
Además, el padre Francisco Casetta, inspector que pudo conocer de cerca la vida de Stabile, destacó que “la espontaneidad con que en todas sus conversaciones, aún las de corte netamente comercial, terminaba con un pensamiento espiritual, una invitación a la oración y a los sacramentos. (…) En todo lucía su ser sacerdotal y un celo pastoral que no conocía medidas. (…) Eras un buen pastor, conocías a tus ovejas, las seguía y no las abandonaba jamás. Cuántos te deben la Vida, o la familia o la Fe o el trabajo".
Los enfermos
Una de sus grandes preocupaciones fueron los enfermos. Llamaba la atención de sus compañeros cómo se enteraba inmediatamente, antes que muchos de los familiares. Los visitaba todos los días hasta su recuperación o hasta la despedida final, llevándoles el auxilio de los Sacramentos; rezaba con calma y devoción.
Era difícil encontrarlo en la parroquia por sus largas caminatas que emprendía para visitar a sus enfermos.
Sembrar la buena semilla
El relato del padre Stochetti revela la profunda vida cristiana de Stábile: “Ahí quedan pilas de cuadernos en los que escribiste tus sermones henchidos de citas, de documentos de la Iglesia, densos de reflexiones teológicas mezcladas con alusiones a algún hecho impactante o a las urgencias por las que atravesaba alguna de tus obras, aunque tuvieran poco que ver con el tema. ¡Cómo te industriabas para dejar tu mensaje en ocasión del aniversario de Centenario o en inauguraciones y bendiciones oficiales o privadas! Sabías insertar ingeniosas sugerencias en torno a la situación y a las necesidades de tu gente”.
Vida pobre
“¡Stábile, qué pobre viviste! Ni sabías lo que habías dejado olvidado en tu cuartucho de monje. Pocas veces estrenaste algo en la vida y te duró poco el estreno, regalabas hasta la ropa que te acababan de remendar, si te topabas con alguno aparentemente más pobre.
Dos amigos tuyos, de esos predilectos del maestro, dos pobrecitos alcohólicos lamentaban la misma mañana de tu muerte: 'y ahora ¿quién nos dará de comer?'.
Cada tanto alguna alma buena venía a limpiarte la cocina y barría restos de comida que te resistías a tirar luego de haberlos recalentado quién sabe cuantas veces”, relató Stochetti.
El padre Casetta escribió: “Impactaba su desprendimiento y su vida de pobreza, que a muchos nos pareció, en algún detalle, imprudente y hasta chocante. A mí personalmente me causó siempre impresión el contraste entre su pobreza personal y su generosidad con los demás especialmente con los pobres”.
A pesar de su sencillez se mantenía al tanto de las orientaciones de la Iglesia y de la Congregación. Devoraba, subrayaba y transmitía las enseñanzas del Papa, ya que para él eran sagradas.
Por su simpleza, su reciedumbre y su fortaleza, puede decirse que su fe era de piedra.
Los que conocieron a Stábile afirmaron que cuando se convencía de que algo era querido por Dios, para su pueblo, estaba absolutamente seguro de que no le dejaría faltar los medios y que tarde o temprano se saldría con la suya.
“Era obra de Dios, él se encargará”, solía decir. Y así fue construyendo su parroquia, su escuela parroquial, ladrillo por ladrillo, con la ayuda de toda la comunidad de Centenario que tanto fruto dio y continúa dando.