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Domingo 5 de septiembre. San Pablo. Se suspende con escándalo el tan aguardado Brasil-Argentina por las eliminatorias sudamericanas. Millones de hinchas y televidentes en todo el mundo se privan de ver la revancha de la final de la Copa América, otro duelo Messi-Neymar, frustrado por cuestiones confusas.
Toda la controvertida y caliente previa y el traumático desenlace, con agentes de sanidad y hasta un hombre armado ingresando al campo para impedir las acciones del promocionado encuentro, brindaron un triste baño de realidad.
Pueden estar los mejores jugadores del planeta aquí, pero en Sudamérica se siguen haciendo muy mal las cosas. La parte dirigencial y la clase política no están a la altura de las estrellas más allá de que las responsabilidades en este caso puntual son atribuibles a diferentes actores. Un disparate lo que ocurrió.
Domingo 5 de septiembre. Neuquén. Se suspende con escándalo el partido entre Maronese y Pacífico por insultos racistas a un pibe del Dino, provenientes, según la denuncia del club local y la mamá del afectado, de la parcialidad visitante. Los compañeros del nene se niegan a salir a jugar el complemento tras notarlo muy apenado en el vestuario y el árbitro del partido, con buen tino, dispone la cancelación del encuentro. Repudiable por donde se lo mire. Con todo lo que se avanzó en la materia, que en un cotejo de inferiores continúen sucediendo hechos de discriminación, resulta inentendible. Para recapacitar quien propinó los agravios y todos como sociedad. Los padres deben aflojar un poco. Inculcarles a sus hijos el disfrute y no llenarlos de presiones. Predicar con el ejemplo...