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¿Para qué tanta información?

Las noticias que llegan de la ciencia tienen tanto peso como los rumores y las fake news que circulan en el mundo.

Nunca hubo tanto acceso a la información como en esta época, donde una pandemia puso patas para arriba al mundo entero. Sin embargo, nunca circularon tantas noticias falsas o realidades a medias que terminaron generando confusión en la opinión pública de cualquier país (hasta los más avanzados).

Es cierto que el COVID-19 quedará en la historia como un virus extraño (al menos hasta que terminen de estudiarlo) difícil de vencer, que cambia constantemente que mata a algunos y a otros no les hace nada por más que tengan estas personas las mismas características etarias, fisicas, de salud y sociales.

Desde que comenzó la pandemia miles de informaciones circularon alrededor del mundo. Todas estuvieron relacionadas a las medidas de prevención, la letalidad del nuevo virus, los medicamentos para prevenirlo y hasta para curarlo. Pero en un año casi extacto desde que apareció este enemigo invisible, la gran mayoría de esas informaciones (muchas de ellas científicas) fueron descartadas, corregidas o hasta puestas en duda por los propios especialistas.

Con la colaboración de las redes sociales, todo esa tormenta de información no hizo otra cosa que agravar el panorama. Se dieron por sentadas cuestiones que nunca existieron, desde medicamentos tan milagrosos como peligrosos, hasta la efectividad buena y mala de las vacunas que iban apareciendo.

Cuando esta pesadilla se termine (si es que algún día termina) será un buen momento para analizar con detenimiento este particular fenómeno de la noticia vertiginosa y si es tan favorable o no tener acceso a esta catarata de información que, por el contrario de frenarse, sigue creciendo cada día más.