Para que tus metas se hagan realidad

El año nuevo invita a buscar nuevos propósitos. Algunas claves para conseguirlos.

Aunque el fin de ciclo sea casi una ilusión -sostenida por la posibilidad de tomarnos unos días de descanso durante las vacaciones-, el año que se fue nos lleva a hacer un balance; e irremediablemente en cada repaso aparecen las metas planteadas, los objetivos cumplidos, pero también los fracasos.

Todo eso es lo que nos ayuda a plantearnos los nuevos propósitos, que guiarán el año que apenas empezamos a transitar.

Pero, ¿cómo hacer para que todo lo que nos proponemos se transforme en un plan alcanzable y no nos gane la frustración?

Muchas veces lo que nos hace difícil alcanzar un objetivo es la falta de claridad.

Es muy común plantearnos metas sin siquiera saber específicamente qué cosas implican para nosotros a nivel racional y emocional. En general, solemos simplemente lanzarnos de lleno a la caza de nuestro deseo, sin saber cómo lograrlo, ni cuál es la mejor estrategia.

Sin embargo, cuando la meta es clara, y cuando la mente y las emociones van hacia el mismo lugar, es probable que podamos concretarla. Nuestro cerebro guarda información de experiencias positivas y negativas para no volver a repetirlas. Por eso, para que nuestra mente no nos juegue en contra, es fundamental orientarla hacia cosas que hayamos resuelto o estén bien encaminadas; quizás podamos encontrar en esas experiencias algunas pistas de cómo conquistar nuestro nuevo propósito.

Otra cuestión es ser específicas. Mientras más "desmenucemos" los procesos a seguir, más cerca estaremos de alcanzar el éxito. Por ejemplo, si se quiere estudiar una nueva carrera, informarnos sobre el plan de estudios, su costo, cuál es el campo laboral, etc. Más allá de los argumentos racionales, hay que prestar atención a qué emociones hay detrás de cada uno de ellos.

Es clave ser conscientes de las cosas con las que nos conecta aquello que queremos emprender y cómo nos hace sentir. Tambien es clave saber que siempre los cambios generan miedo, para no dejarse paralizar. Por eso, buscar un grupo de referencia, de personas que compartan tu interés, te ayudará a potenciarte.

Una vez establecidos los pasos a seguir y reconocidas las motivaciones, sólo queda evaluar el contexto para conocer las dificultades que enfrentaremos en nuestro intento de alcanzar una meta, y si es posible readaptarla.

Usar la creatividad ensayando respuestas poco conocidas puede servir. A veces es muy útil plantearse cómo resolvería tal tema alguien que tenga un profesión muy distinta a la nuestra. Posiblemente surjan ideas novedosas y efectivas.

Por último, y no menos importante, es la necesidad de no perder de vista el presente y disfrutar del proceso. Hay que entender que la meta no es algo que alcanzaremos al final del camino, sino que cada cosa que hagamos en su búsqueda es un aprendizaje y cada pequeña acción ya es un avance.

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