Pasen y vean. Una de las madres se queja de que los porteros hicieron todo lo posible para que los padres tuvieran vía libre para hacer justicia propia con el precoz abusador. Hay una horda enfurecida de personas que es contenida por policías que llegaron al lugar sabiendo que se armará una batalla que se anticipa como brava. En el medio hay nenes, algunos en brazos de aquellos padres sedientos de justicia.
Pasen y vean, señores, que la escuela, lugar sagrado donde supuestamente se educa y se completa la socialización de los chicos, se convierte en el mejor ejemplo de lo que no se debería hacer, pero a nadie le importa.
Pasen y apuesten a ver quién gana. Y opinen sobre qué será de la vida de ese pibe. Háganlo, que el circo promete entregar más shows de los buenos. De esos que reflejan las miserias más miserables. Esas desgracias que poco importan, salvo cuando prometen sangre y salen por la tele.