Las excursiones las organizan una pareja de porteños que hace quince años llegó por separado a la localidad.
Caviahue > Dóciles, aguerridos, leales y fuertes son los trece perros de trineo Alaskan husky que tiene una pareja de porteños que hace quince años vive a metros del Salto del Agrio donde la inmensidad es lo más próximo que tienen a la vista.
Gimena Oliva y Máximo Junquet llegaron, por separado, siendo aún más jóvenes con la idea de dedicarse a los perros de trineo. El tiempo los juntó y hace siete años nació Franco.
Las montañas ondulan el paisaje, la cría más pequeña de perros juega entre las escaleras de la Hostería del Agrio en donde reciben a pescadores en verano y a amantes de la nieve en invierno.
A diez kilómetros de Caviahue por la Ruta Provincial 27, cruzando el puente del Salto del Agrio, se encuentra un pequeño complejo compuesto por una tradicional casa con base de piedras, seguida de un refugio antártico adaptado, que fue llevado en los años 50 para soportar mejor las inclemencias del clima.
A un costado están los caniles de los perros de trineo con los que realizan excursiones para turistas y competencias de deporte de invierno (Sled dog). Cuentan que originariamente ese tipo de perro fue utilizado por los indios para trasladarse en Canadá, Alaska y Siberia. “Después sale el Siberian husky, que es el perro bonito. Pero el perro de trineo no tiene por qué ser bonito, tiene que gustarle la realidad. Estos son Husky de Alaska, y la característica es que son hijos de hijos de hijos de perros de trineo. Se van criando con sus padres, nacen viendo a sus padres andando en trineo, cuando tienen esta edad se meten en el medio. Ellos mismos se educan. El día que los atás por primera vez les encanta porque es como empezar a pertenecer a la jauría. El que no le gusta no anda en trineo, no suele pasar eso, pero puede ocurrir”, indicó Gimena.
Dice que el Salto del Agrio en invierno y en verano hace que transiten por realidades distintas. Asegura que es como vivir en distintos lugares, y eso tiene Caviahue en general. Cambia tanto el clima, la geografía en cada una de las estaciones del año, que ellos también cambian de actividades.
En verano reciben y guían a los pescadores. Pronto habilitarán otra cabaña para ampliar la oferta a quienes no lo sean. En invierno son contactados a través de las agencias de turismo aquellos deseosos de vivir una aventura distinta como es la de conjugar el paisaje nevado llevados en perros de trineo. En el refugio los espera Máximo con cerveza artesanal y gastronomía de la región auténticamente casera.
Varían los recorridos
“Para las travesías contamos con trece perros adultos, armamos un trineo de seis y otro de siete, a menos que haya alguna preñada. Los perros cargan todo el peso que querramos, pero somos muy cuidadosos con nuestros perros. Son nuestros mejores amigos, hoy tengo un hijo, pero la familia es ésta”, dice Gimena mientras Caramelo, una de sus perras, le reclama una caricia.
“Lo que más nos gusta son las travesías. El tema es ir variando los circuitos porque los perros se aburren de hacer siempre el mismo recorrido. Para que ellos no lo sientan como un trabajo, y también por nosotros, para ser sinceros. Acá en el campo se dice que no hay prenda que no se le parezca al dueño. Para que las cosas sean como una diversión y no como un trabajo específico los recorridos van variando”, asegura.
Cuando los perros están en travesía tienen la capacidad de supervivencia, de sobrevivir en climas muy fríos. Dicen que por más que sean de pelo corto, al sol lo sufren bastante.
"Para nosotros este es nuestro deporte, nuestra pasión. Todo lo que logramos es en base a la tenacidad con que enfrentamos esta forma de vida”, reflexionó Gimena.