Esta semana, Pechi Quiroga dio un indicio más de que su futuro será intentar continuar en la Intendencia por otro período. Es que su discurso ya no es el de hace un mes, dos o el de principio de año, cuando, a pesar de los peros, aseguraba que sus ganas de ser gobernador estaban casi intactas. Ahora fue un poquito más allá: dijo que su participación provincial depende del consenso y de lo que marquen las encuestas. Dos cosas que lo estarían dejando hipotéticamente fuera de esa carrera. ¿Por qué? Principalmente porque difícilmente encuentre el consenso que él quiere (sin demagogia ni populismo) y porque sabe que las posibilidades reales de unirse con Ramón Rioseco (con quien ya ha tenido charlas) son casi nulas. De todas maneras, la cautela de Pechi también tiene una lógica: aguardar el resultado de las internas partidarias del MPN. Sus allegados aseguran que las heridas que pueda generar este proceso en el partido provincial podrían jugar a favor de él, y ya se frotan las manos para sumar a los despechados. De hecho, el propio Quiroga sostiene que es imposible ganar una elección, sea municipal o provincial, si no capta parte del voto de los afiliados emepenistas. Por eso ha decidido esperar, aunque en el fondo tenga la decisión tomada (hay quienes se juegan a afirmar que igual se presentará como precandidato a gobernador aunque después tenga que bajarse) y trabaje para imponer el sello NCN a nivel provincial. Más allá de estas “pequeñas” cuestiones, existen otros dos elementos que avizoran sus ganas de seguir donde está. Primero, que las obras proyectadas están pensadas más allá del año y medio que le queda de gestión. Y segundo, que los anuncios que hará público en las próximas semanas bajo el nombre de “la Biblia del Municipio” tienen mucho olor a plataforma electoral. El tiempo, como siempre, será el mejor testigo y marcará su rumbo, un rumbo que quizás termine llevándolo a buscar una nueva reelección.