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Pedro de Vega, un chosmalense con historia

El recuerdo de Pedro de Vega debe estar muy presente en el norte neuquino. Fue un hombre extraordinario. Hace muchos años, en su hermoso escrito La Novela de la Patagonia, el escritor Prieto del Egido le dedicó varias páginas.

Las historias de Chos Malal, la capital histórica de Neuquén, enriquecen el conocimiento del interior del territorio a través de sus habitantes y nos ayudan a conocer la idiosincrasia de todos los pobladores de la Norpatagonia.

Su hija Victoria –autora de este relato- y sus nietas Isabel y Ángela de Vega son las únicas sobrevivientes de esta familia que vive en este terruño de nuestra querida patria, Neuquén.

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Victoria recuerda: “Era 1912: a sus dieciocho años se alejó de su pueblo natal Valdez San Román, Provincia de Castilla España, este joven Pedro, que se embarcó hacia América Latina, Uruguay, donde ya vivían cuatro de sus hermanos mayores”.

“Pedro compartió un tiempo con ellos, pero pronto decidió alejarse: su meta era forjarse un porvenir por su propia lucha y fue así que llegó a Buenos Aires. Allí permaneció poco tiempo con familiares alejados pero muy queridos, le ofrecieron trabajo y luego de ganar unos pesos, siguiendo su cometido de abrir nuevos caminos, arrancó su viaje hacia la Patagonia: llegó a Neuquén”.

“En esa época, la Confluencia era un inmenso arenal. No vio futuro en este lugar y siguió al norte del Neuquén. Llegó a Chos Malal, en 1913, que era un vergel. Acá encontró trabajo como empleado de un fuerte comerciante, don Andrés Echeverry”.

“Luego de un tiempo había ganado algo para subsistir. Buscando su propio futuro y ayudado por otras personas, pudo irse más al norte: El Chingue, donde se radicó. Levantó una vivienda y salón comercial de ramos generales en medio de ese desolado lugar que con el tiempo fue el centro social de Andacollo, Varvarco y otros parajes. En su casa hospedó a muchos personajes, maestros, fotógrafos, escritores, policías y otros aventureros, como el escritor Prieto del Ejido, que lo convirtió en personaje de su novela”.

“Las carreras de caballo era su entretenimiento, sus viajes a caballo montado en el Rocío, con su poncho Castilla, para protegerse del frio y la nieve y toda clase de tempestades, era el único y seguro medio de transporte”.

“Allí comienza su aventura: un comerciante acompañado por su empleado, con rejas frente al mostrador y el revólver a mano para protegerse de los asaltantes provenientes de Chile, que de vez en cuando aparecían”.

“El comercio era trueque: oro por mercadería. La gente del lugar sacaba oro de los arroyos en forma muy precaria, con eso compraban los alimentos y ropa. También se manejaba con cueros y lanas, que se prendaban y pagaban las cuentas de las mercaderías”.

“Nuestro querido padre inauguró una sucursal en Andacollo del mismo rubro atendido por una familia de apellido Quintana y luego por su hermano, que llegó después y fue un sólido comerciante en ese pueblito”.

familia de vega chos malal
En la foto se encuentran parados: Isabel de Vega, Angelita de Vega, Tono de Vega. Pedro Urieta. Antolín Carro. “Pelusa “Soria. Sentados: Pedro de Vega y su esposa Jesusa Urieta. Abajo: Ana María Carro. Mari Ferrari. Susana de Vega

En la foto se encuentran parados: Isabel de Vega, Angelita de Vega, Tono de Vega. Pedro Urieta. Antolín Carro. “Pelusa “Soria. Sentados: Pedro de Vega y su esposa Jesusa Urieta. Abajo: Ana María Carro. Mari Ferrari. Susana de Vega

“La vida no fue todo sacrificio, tuvo su fruto, se casó con una española y nacieron sus cuatro hijos, entre ellos yo, Victoria, y tres hermanos varones entre ellos Luis, el papá de Jorge de Vega. Pasaba felices días rodeado de amigos. El transporte mejoró, se usaba el sulky tirado por caballos en caminos angostos, era un sube y baja, los caballos se paraban en dos patas, y los gritos de los viajeros eran terribles, (había que bajarse) y tomar coraje”.

Don Pedro ya era más conocido, iba progresando, fue un fuerte comerciante, reemplazó la mula por una flota de carros grandes tirados por tres o cuatro mulas para transportar mercaderías”.

“Después de varios años, en 1921, se trasladó a Chos Malal, dejando solamente el negocio de Andacollo. La casa de El Chingue quedó en mano del destino, hace ya muchos años que no existe ni una sola piedra que la recuerde, yo me emocioné muchas veces al pasar por ese mi querido terruño que deje desde muy pequeña”.

“En Chos Malal, le compró el negocio a don Andrés Echeverri, quien fue su primer patrón, y puso un fuerte negocio de ramos generales. Comenzó un frondoso futuro, tenía empleados que llegaban de otros lugares, estaban un tiempo y luego se iban”.

“Chos Malal era un pueblo con linda gente y el negocio progresaba, con su flota de carros y trueques de lana, cueros, oro etc. Lo llegaron a llamar el Zingoni del norte neuquino, que eran fuertes comerciantes de Zapala. Mi casa se convirtió en hospedaje, no había hoteles, ni pensiones, allí se albergaron maestros, viajantes, corredores de comercio y otros, mi madre trabajaba mucho, allí se agrandó la familia, nacieron el resto de mis hermanos”.

“Mi padre trajo a toda su familia para ofrecerles trabajo: los que vivían en Uruguay y Buenos Aires poco estuvieron, no se adaptaban y regresaban a sus ciudades. Don Pedro era muy generoso, la gente gozaba de su crédito y compraba fiado”.

“No solo se ocupó del negocio, bregó por el adelanto de su pueblo. Incansable trabajador, en la comuna trabajó ad honorem, incluso poniendo plata de su bolsillo. Era el balsero del pueblo cuando la balsa no funcionaba, hacía lo imposible para que cruzara, incluso exponiendo su vida”.

“En 1930, el gran impacto económico que sufrió el país fue para él un gran golpe. Lo encontró con toda su mercadería, debía pagar sus cuentas, y no se podían transportar los fardos cueros, lanas y más. Fue un desastre grande que lo hizo tambalear: desde ese momento solo su espíritu lo impulso a seguir”.

“La construcción del puente Rio Curi Leuvú lo fue a gestionar a Buenos Aires. Tuvo éxito, y fue inaugurado a los pocos años”.

Victoria de Vega, acto escolar.
Acto escolar en Chos Malal

Acto escolar en Chos Malal

Falleció el 23 de agosto de 1953 en Capital Federal de una enfermedad terminal. En ese momento, en Chos Malal nevaba intensamente, el pueblo se conmovió ante la noticia y esperaban que su cuerpo fuera trasladado. Gendarmería Nacional hizo mucho para que llegara a Chos Malal pero no pudo descansar aquí. Era imposible trasladar su cuerpo (entre otras circunstancias, por la situación económica) y es por ello que sus restos descansan en el cementerio de la Chacharita con otros familiares queridos”.

“Me he quedado corta, querido papá Pedro, en relatar tu vida, pero con lo expresado creo que los que no te conocieron, tienen una imagen fidedigna de vos: un forjador que vimos poblar el norte neuquino y que los que lo pudieron conocer, que son muchos, le rindan un pequeño recuerdo a este querido poblador de nuestro querido y hermoso Chos Malal”.

“Así será, seguramente estarás desde arriba agradeciendo este homenaje que queremos rendir tus seres queridos y amigos. Nada más”. Victoria de Vega de Uranga. Copia de la carta entregada por Jorgelina de Vega al Archivo Histórico Municipal.

En la memoria de todos los chosmalenses se encuentran las acciones de don Pedro de Vega, a quien lo recuerdan como un hombre honesto generoso y de buen corazón, que fue el fundador del club Chos Malal, “el club del pueblo”: el gimnasio lleva su nombre.

Una vez más agradecemos el enorme valor que tiene la recopilación que realiza el Archivo Histórico Municipal al permitirnos conocer las historias de antiguos pobladores que hicieron grande, desde sus diferentes roles, a aquella ciudad que fuera, luego de Campana Mahuida y Ñorquín, la capital neuquina, y que es ahora una ciudad en constante crecimiento.

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