En Neuquén está prohibida la pirotecnia, la de los petardos y rompeportones. La pirotecnia verbal, sin embargo, es de uso libre y se hace a discreción, especialmente en épocas de campaña.
La solicitada de ayer del intendente Pechi Quiroga, en la que por enésima vez acusa al EPAS de “destruir” la ciudad cada vez de colapsan los ductos de agua potable o cloacas, si bien refleja una realidad inocultable, es oportunista y parece más bien destinada a reinstalar el tema en medio de la actividad proselitista.
El gobierno provincial, por su parte, salió a medir la respuesta. Evitó que funcionarios de primera línea repliquen al intendente, e inscribió las críticas en una estrategia de campaña destinada a limar las posibilidades del oficialismo. No obstante, puertas adentro, la preocupación es evidente porque mantener una red tan precaria es onerosa en lo financiero y desgastante por el impacto que tiene entre los vecinos cada vez que hay desperfectos.
Ambos, Municipio y Gobierno, han optado en los últimos años por jugar al gato y al ratón: ninguno de los dos quiere resignar posiciones a la hora de acordar un contrato de concesión para la prestación de los servicios actualmente en manos de la empresa provincial.
Pese a que en el Deliberante se dio un paso importante para establecer un marco regulatorio, las diferencias e intereses cruzados impiden una solución de fondo. De momento, todo es pirotecnia. La cuestión del saneamiento y la prestación del servicio de agua potable están excluidas de los temas de campaña en los dos oficialismos, mientras la precariedad de la infraestructura reclama que se fijen políticas de Estado que trasciendan las necesidades coyunturales.