Alfredo Vigil.
Personal de la empresa Ingeniería Sima “pinchó” –mientras realizaba tareas de excavación en el yacimiento Lindero Atravesado para Pan American Energy– un oleoducto de YPF que vincula las áreas Loma la Lata y Centenario. Se aplicó de inmediato el plan de contingencias y ahora las empresas involucradas, bajo el control del gobierno neuquino, deberán cuantificar el daño ambiental y disponer su inmediata remediación. El incidente o accidente refleja una dura realidad que se vive a diario en los yacimientos de la región. El suceso no responde a un hecho fortuito sino que es consecuencia de un cúmulo de errores que se deberán investigar. Lo tradicional sería culpar al operario de la máquina que provocó la rotura. Pero, ¿estaba presente el supervisor? ¿se contaba con planos sobre los ductos cercanos? ¿el ducto estaba señalizado? ¿se le advirtió al operario de la presencia en el lugar de una cañería? ¿está entrenado para actuar ante un incidente de estas características? La información señala que apagó la máquina y se alejó del lugar pero dejó las luces de la retroexcavadora encendidas, con lo cual quedó latente la posibilidad de un incidente aún mayor. El 22 de octubre pasado, PAE realizó en esa área un simulacro de un blowout (salida del hidrocarburo sin control) en un pozo de gas en Lindero Oriental. Pero no todas las empresas instruyen al personal ante una emergencia. La industria lo sufre a diario. Falta capacitación. Falta información y actualización de todos los ductos que están operativos y de aquellos que ya fueron abandonados. Obviamente, para eso hacen falta más recursos, más entrenamiento, más dedicación, más previsión y menos ligereza a la hora de realizar los trabajos.