En esta ciudad hay piquetes que provocan los más airados rechazos desde casi todos los sectores sociales. Está el caso paradigmático del puente sobre el Neuquén, que muy a menudo es bloqueado por las más diversas organizaciones políticas y sindicales. Los sufrimos y condenamos, con mayor o menor grado de afectación y acierto, casi todos. Los repudios legítimos de la ciudadanía se entremezclan con los del arco político, como está bien que sea. Pero hay otros piquetes que, se ve, se convierten en presa del olvido. Es decir, hay una suerte de edición maliciosa o circunstancial desde la crítica, según corresponda. Por caso, de un obstáculo largamente denunciado junto a la costa del Neuquén. Hay un barrio cerrado que, según se denuncia, tapa una calle pública que permitiría una mejor circulación. Allí, un alambrado, lisa y llanamente, impide el paso por la Avenida de la Costa, en el límite entre el barrio Rincón de Emilio y el country Rincón Club de Campo, elegido por funcionarios y empresarios como lugar para vivir. Hay ordenanzas y proyectos de comunicación que dejan claro que ese alambrado debería levantarse para liberar la vía de circulación. Extrañamente, o no tanto, no hubo pronunciamientos políticos, ni condenatorios en este caso, que de cualquier forma serían secundarios, si lo que más importa es liberar el paso. Los sectores políticos predominantes prefieren llamarse a silencio aunque se muestran bulliciosos en temas clave de la capital. Hay decisiones que podrían tomar y que tienen efectos reales en la vida de todos los neuquinos. Hacerlas valer desterraría la idea de que hay piquetes que sí se puede hacer y otros que no. Y, además, permitiría una mejor circulación en la trama urbana de la ciudad.