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Pirotecnia: un cambio difícil

Evidentemente con la prohibición no alcanza. Desde que se sancionaron normas y leyes para terminar con la pirotecnia en la ciudad de Neuquén, los estruendos no dejaron de sonar durante las fiestas. Es cierto que hubo una disminución, pero la venta ilegal de estos artículos no para y hasta en las redes sociales se ofrecen de todas formas y precios. El tráfico desde otras ciudades completa el panorama.

Dicen los especialistas que para que, en efecto, se consiga la tan mentada pirotecnia cero es necesario un cambio cultural en la sociedad neuquina. Algo que parece imposible, pero que en otras prohibiciones como la de fumar en lugares públicos se pudo lograr. Hoy, no es necesario controlar restaurantes y confiterías para ver si alguien enciende un pucho. Los mismos fumadores saben que es algo que está mal y que molesta a otras personas.

¿Será tan difícil hacerle entender a la gente todas las cuestiones negativas que trae consigo la pirotecnia? Tal vez se necesitan más campañas de concientización recordando la cantidad de accidentes que producen, en qué modo afectan a personas que tienen distinto tipo de patologías y hasta a nuestras mascotas que tanto sufren cuando comienzan los estruendos. Argumentos, que no son tan difíciles de entender, sobran.

El año pasado para las fiestas tiraron mucha menos cantidad de pirotecnia que en otras oportunidades. Habrá que ver cómo es el comportamiento de los neuquinos para esta Navidad y Año Nuevo y si es necesario seguir machacando con el tema hasta lograr un proceso de cambio cultural, aunque sea lento y paulatino. Veremos qué ocurre.

¿Será un cambio que se dará de manera lenta o el problema de la pirotecnia no se resolverá nunca?