Rubén es un jubilado de Plaza Huincul. A duras penas llega a fin de mes. Camina poco por una diabetes avanzada. Es viudo y vive solo. Los fines de semana esperaba con ansias una de sus pocas compañías: los partidos de fútbol de Primera División. Por allí pasaba su mayor alegría, acaso su único entretenimiento televisivo. Fana de Boca, se había olvidado de la radio, de la vieja y querida portátil que entre los años y el desuso ni debe funcionar. Rubén empieza a despedirse de un placer o hobby que ahora será caro y prohibido para su flaca billetera. No tiene los 300 pesos que cuesta el pack. Como él, no es poca la gente que no está en condiciones de afrontar el costo del abono para ver los cotejos, si bien se trata de un monto razonable... Así, en tiempo de sinceramientos económicos, tarifazos y privaciones, a buena parte del pueblo futbolero le están quitando mucho. Ojo, tampoco era justo que el Estado destinara fortunas al programa Fútbol para Todos y descuidara cuestiones más importantes, en una medida simpática pero irresponsable.
Lo que se trata de reflejar en esta columna es el vacío con el que deberán convivir de ahora en adelante los fanáticos a los que no les da el cuero para bancarse el abono.
Seguramente, habrá del mismo modo futboleros a los que no les cambiará nada, porque pueden asumir ese desembolso. Y hasta aquellos beneficiados como los bares que abran el domingo a la tarde y ofrezcan los encuentros en sus pantallas.
Comienza otra era del “pay per view” en el fútbol argentino de la mano de Fox y Turner. A esperar y tener paciencia para ver los goles... Y a comprar pilas para la radio, si es que alcanza.
El sistema “pague para ver” priva a muchos de su mayor alegría del fin de semana: los partidos de Primera.