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Polio en los 50: las mismas urgencias con las vacunas

El brote puso en jaque al país. Cómo fue el plan de inmunización.

Niños envueltos en mantas blancas como si fueran momias, bolsitas de alcanfor colgadas de sus cuellos, frentes de viviendas blanqueadas con cal y miles de plegarias elevadas al cielo.

La vacuna contra la poliomielitis fue tanto o más esperada que la del COVID-19, a mediados de la década del 50, porque quienes estaban en riesgo de morir con esta enfermedad eran menores y adolescentes, y los que sobrevivían podían arrastrar incapacidades físicas durante toda su vida.

En la Argentina, el brote de polio -abreviatura con la que se denominó al virus- comenzó a fines de 1955 y se extendió al año siguiente, aunque sus orígenes se remontan a la Europa de mediados del siglo XIX. En un primer momento se la conoció como “la debilidad de las extremidades inferiores”, ya que la enfermedad atacaba el sistema nervioso central y provocaba parálisis en piernas y brazos, aunque años después se la denominó con el nombre completo o su abreviatura.

Doce años antes de aquella epidemia, el país había registrado los primeros casos, causando terror en miles de familias argentinas.

El descubrimiento de la primera vacuna fue anunciado en 1953 por un científico estadounidense Jonas Salk que logró la inmunización a esta temible enfermedad a partir del virus inactivo. Dos dosis inyectables eran suficientes para que cualquier persona lograra los anticuerpos necesarios y, de esta manera, quedar a salvo de ese suplicio.

Un gran brote

En el verano de 1956, los casos de polio comenzaron a multiplicarse de manera alarmante a lo largo del país, para sorpresa y terror de los habitantes, lo que obligó a las autoridades argentinas que en un principio no reaccionaron o descreyeron que la epidemia fuera a propagarse con tanta rapidez, a implementar una campaña de vacunación para frenar los contagios.

En Neuquén, que en aquel entonces recién había sido declarada como provincia por el Congreso de la Nación, la situación sanitaria era todavía muy precaria. El gobernador de facto Ricardo Hermelo se comunicó con las autoridades nacionales para coordinar la campaña lo más rápido posible.

En la capital, la zona más densamente poblada, se realizarían las primeras inmunizaciones para luego continuar con el plan en el interior de la provincia.

Las condiciones sanitarias del territorio eran muy malas. En 1956, Neuquén todavía no había sido declarada provincia.

Campaña

Como ocurrió en el resto del país, los neuquinos estaban aterrorizados al escuchar las noticias de la propagación del virus que en poco tiempo había alcanzado a 6500 personas, en su mayoría niños menores de 10 años. Lo peor es que la letalidad de esta enfermedad incurable alcanzaba el 10 por ciento y las secuelas quedaban para toda la vida. Por este motivo es que las primeras medidas que se tomaron fueron las preventivas.

La higiene personal y de los hogares, a fuerza de lavandina y desinfectantes, la ventilación de los ambientes y el cuidado de los recién nacidos, niños y hasta adolescentes fueron intensivos hasta que al territorio llegaran las dos dosis de la vacuna inyectable. Pero también buscaron soluciones preventivas a través de remedios caseros, como el alcanfor, muy utilizado en aquellos tiempos para aliviar la tos y la congestión nasal.

Muchos vecinos también blanquearon el frente de sus casas y las bases de los árboles con cal, bajo la creencia que esta medida podía evitar la llegada de la enfermedad.

Las noticias de un nuevo medicamento descubierto por el científico Albert Sabin, que era más efectivo y que se administraba vía oral, eran alentadoras, pero los ensayos clínicos se realizarían recién al año siguiente. Por eso, tanto las autoridades como la población se volcaron al plan con la vacuna inyectable.

La campaña de vacunación contra la polio finalmente se llevó a cabo durante el inicio del ciclo escolar y se extendió durante todo ese año y el venidero. Enfermeros y personal de la salud concurrieron a las escuelas neuquinas con las vacunas, una jeringa y un mechero para desinfectar la aguja e inmunizar a la población vulnerable. De esta manera, la enfermedad logró controlarse.

La llegada de la vacuna sabin, años más tarde, y las campañas de vacunación masiva que se implementaron a partir de la creación del Plan Provincial de Salud finalmente minimizaron los riesgos de contagio, aunque a finales del año pasado recién se pudo declarar al mundo libre de esta cruel enfermedad.

10 por ciento de los infectados

Fueron los que murieron durante la epidemia de polio. La campaña de vacunación que se llevó a cabo a partir de la década del 50 salvó miles de vidas de niños en la Argentina, de acuerdo con las estadísticas sanitarias.

Poco más de medio siglo para terminar con una peste que había puesto en jaque la salud de los más chicos

Dos variantes

Los científicos definieron dos patrones básicos de infección por polio: una de menor gravedad, que no afectaba el sistema nervioso central (SNC), llamado polio abortivo, y la enfermedad mayor, con parálisis o no. Fue el epidemiólogo Jonas Edward Salk quien logró desarrollar una primera vacuna para los tipos de poliomielitis conocidos. Tras las pruebas clínicas necesarias para demostrar que era segura, en 1954 se empezó la inoculación.

Avances

En base a los estudios científicos conocidos, fue Albert Sabin, un virólogo polaco nacionalizado estadounidense el que logró mejorar la vacuna que se suministraba vía oral. A partir de 1964 comenzaron las campañas de vacunación masiva en todo el mundo, aunque recién en 2002 la Organización Mundial de la Salud declaró a toda la región europea como zona libre del virus de la temible poliomielitis que había azotado a todo el mundo.

El final

En mayo de 2014, la Organización Mundial de la Salud hizo pública una nota de alerta por la situación de extensión de la poliomielitis en áreas endémicas y no endémicas en distintos lugares del planeta. En concreto, Pakistán y Afganistán en Asia central, Siria e Irak en Oriente Medio, y Camerún y Guinea Ecuatorial en África central. Finalmente, el 24 de octubre de 2019, la OMS confirmó la erradicación en todo el mundo de la polio tipo 3.

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