Es razonable pensar que alguien que puede ser presidente nos diga cómo y con quién lo va a hacer.
Si bien es verdad que la democracia no se agota en ir a las urnas cada dos años y que la participación de la gente es una pata importante de este sistema perfectible, no menos cierto, y quizá más importante, es que contiene una delegación de responsabilidad, que es la que le otorga con el voto el ciudadano al gobernante. La política, por definición, se entiende como "una actividad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos". Resulta entonces razonable pensar que alguien que, en ese caso, puede llegar a ser presidente, más allá de si "va a gobernar con nosotros", nos diga cómo y con quién lo va a hacer.