A los fines administrativos y burocráticos se vive en Neuquén o Río Negro, pero la realidad obliga a entender que vivimos en una región donde interactuamos a diario entre las dos provincias. Quien no comprenda esto puede ir a buscar trabajo a Vialidad Nacional. El organismo encaró refacciones en la zona de los puentes carreteros sin contemplar el tránsito que circula por la región. El resultado se cayó de maduro: caos. Esto es, embotellamiento en la Ruta 22 y en calles que se utilizan para acceder a la zona de los puentes, incidentes entre conductores enfurecidos por la larga y densa cola que debían soportar para poder seguir con sus trabajos o volver a los hogares. A esto hay que agregarle que los delincuentes aprovecharon el escenario para dar como mínimo dos golpes de motochorros.
Mientras todo esto ocurría, la Policía neuquina, desbordada por una cola que llegó –tal vez por primera vez en la historia– hasta la Avenida Olascoaga, se esfumó. Se replegaron cuando más falta hacía para ordenar el caos que se vivía y se llamaron al silencio.
Pero la responsabilidad principal sigue siendo de Vialidad Nacional, que parece estar carente de un área de planificación porque no atinaron a realizar tamaña obra durante el verano, la primera quincena de enero, por ejemplo, cuando se reduce el tránsito en la zona de manera más que considerable, sumado a que no hay clases y muchos salen de vacaciones.
Lo peor de todo es que viendo que se equivocaron no buscan un plan alternativo para solucionar el problema. En fin, estos son los funcionarios que tenemos, gente atada a un escritorio que adolece de sentido común y desconoce la región. Cosas veredes.