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Postales del descontrol

Ángel Casagrande.

Más allá del tradicional debate sobre qué hacer con los jóvenes y adolescentes y su vinculación con el consumo de alcohol y drogas cuando se conocen hechos violentos como los de la mañana de ayer a la salida de dos boliches, sería necesario que se tomaran medidas inmediatas para que ese descontrol no afecte al resto de los vecinos que nada tienen que ver con la movida nocturna.
Los sábados y domingos, así como también los feriados, es usual observar con las primeras luces del sol a cientos de pibes deambulando por las calles sin estar a pleno en sus facultades y transformándose en un real peligro, por ejemplo, para quienes salen a trabajar o a realizar actividad física.
La postal que se ve sobre la 22, en adyacencias a la avenida Olascoaga, es tremenda. Los chicos se suben a la ruta en los sectores no habilitados y cruzan sin siquiera mirar si se aproxima un auto. A fines del año pasado, una joven de 23 años murió atropellada cuando se iba del boliche. Quería atravesar la calzada por donde no está permitido. Resultado: dos familias destrozadas, la de la víctima y la del conductor.
Aunque duela, ha sido hasta fortuito que éste haya sido el único accidente fatal en esa zona porque el riesgo es latente todos los fines de semana. Ocurre lo mismo con los jóvenes que regresan del río a esa hora. Los vecinos de la zona están hartos de los malos momentos que suelen sufrir por quienes salen descontrolados de los bares del sector. Y por más que el flagelo del alcohol y las drogas requiera de un análisis más profundo y que no tiene soluciones mágicas, las autoridades podrían prevenir con “pequeñas” medidas situaciones indeseables o trágicas: para empezar, que la Policía o los agentes de tránsito estén ahí.