Por SANTIAGO GASPOZ (*)
Los métodos inseguros a los que recurren quienes por razones económicas no tienen acceso a un aborto en condiciones quirúrgicas abultan las cifras de lesiones graves y muerte por abortos infectados que ingresan a los hospitales públicos en la Argentina.
Se calcula que entre 1984-2008 murieron 2.578 mujeres como consecuencia de abortos clandestinos, y en 2007 se registraron 60.000 hospitalizaciones de mujeres pobres y 336 murieron.
Está claro que las mujeres en condiciones de pobreza y marginalidad son las afectadas por este flagelo, dado que el acceso a un aborto en condiciones quirúrgicas o farmacológicas, aunque ilegal es sólo accesible para las mujeres de una clase social más favorecida, se calculan en 600.000 los abortos anuales en Argentina por todas las causas.
En un marco legal, la difusión del aborto farmacológico debiera reducir las muertes por aborto, es lo que ha sucedido en Uruguay donde mediante la reglamentación de la ley de salud sexual y reproductiva los médicos en los hospitales instruyen a las mujeres sobre métodos abortivos seguros, incluidos los farmacológicos, y de esta manera la mortalidad materna por abortos infectados se redujo a cero en 2009.
El cuerpo de las mujeres es el último bastión del patrimonio territorial, el último reducto de dominación para los estados, la Iglesia y otras instituciones.
Propiciemos el debate y dejemos que las mujeres decidan con derecho sobre su cuerpo.
(*) Jefe de Zona Sanitaria 2.