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Pucci: fuga, recaptura y un hallazgo estremecedor

El femicida escapó en 1993 y lo atraparon en Bahía Blanca. En pandemia, apareció un esqueleto en el paraje Huncal y se pensó que podría ser Tani Lara cuyo cuerpo despareció.

El siniestro diario de la vida del doble femicida Salvador Pucci sigue sumando páginas horrorosas. Un viejo pesquisa recordó la fuga de la alcaidía de Andacollo en 1993 y el operativo de recaptura que realizaron en un hotel de Bahía Blanca. Por otro lado, en plena pandemia, hubo un hallazgo estremecedor. Se encontró un esqueleto en el norte neuquino y se investigó si podía ser el cadáver desaparecido de Sebastiana “Tani” Lara, la esposa que Pucci asesinó en septiembre de 1989 y cuyo cuerpo nunca fue ubicado. El mayor secreto que Pucci se llevó a la tumba.

Salvador Pucci tuvo rasgos psicopáticos marcados, narcisista y paranoico, pero eso se supo tarde. Era un hombre esbelto, educado y provenía de una familia muy trabajadora de Chos Malal. Él presumía de ser muy inteligente y subestimaba al resto. La soberbia y sus rasgos posesivos terminaron asfixiando a sus parejas y, cuando intentaron dejarlo, todo se fundió a negro. Sumisas o muertas, esa era la posición del mayor femicida de Neuquén.

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Durante los 20 años que estuvo preso nunca habló, pero como pasa con todos los presos, lentamente fue recuperando la libertad. En 2003 comenzó a gozar del beneficio de las las salidas transitorias y en 2009 ya estaba libre.

Su pareja en ese entonces, Miriam Flores, cortó la relación porque era intenso y celoso. En mayo de 2010, Pucci asesinó a Flores. Nunca se conoció a sus cómplices. Para este crimen, se valió del mismo modus operandi que utilizó en el asesinato de su esposa, Tani Lara.

El cadáver de Flores fue encontrado de casualidad en un campo de La Pampa. Estaba semienterrado (aquí la historia del hombre que no amaba a las mujeres).

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Fuga de Andacollo

A las manos de un viejo pesquisa de la Policía, Carlos Fernán “Pelpa” Díaz Pérez, llegó la historia del crimen de Salvador Pucci, y la devoró en cuestión de minutos. En ella encontró un faltante: la fuga de 1993.

El Pelpa, sobrenombre que se ganó por exigir siempre los papeles correspondientes a cada una de las tareas, no dudó en contactarme y me entregó un breve apunte que redactó a mano.

Es sabido que el paso de los años favorece la curva del olvido; pese a ello, Díaz Pérez tiene recuerdos bastante nítidos porque fue uno de los que formó parte de la brigada que se encargó de la recaptura del femicida.

“Supe guardar mucho papelerío de todo lo que hice cuando estaba en actividad, pero perdí gran parte en un incendio que tuvimos por una plancha que quedó enchufada” lamentó el Pelpa, que habla haciendo pausas en las que parece revivir esos momentos.

Pero volvamos a Pucci. El femicida fue condenado el 22 de mayo de 1992 a 20 años de prisión por uxoricidio —así se denominaba legalmente al crimen de una mujer a manos de su esposo— y el cuerpo nunca apareció. Se cree, aún hoy, que la extensa cordillera agreste del norte neuquino lo guarda en sus entrañas.

“Su familia conocía muy bien la zona de las minas y cada recoveco de los alrededores”, afirmó el pesquisa retirado.

Por ese entonces, a Pucci lo habían dejado alojado en la alcaidía de la Comisaría 30 de Andacollo, que se encuentra en la zona noroeste, en la precordillera, a unos 60 kilómetros de Chos Malal, la ciudad cabecera del norte neuquino.

Allí, el asesino pasaba sus días hasta que su hermano, conocido como el Pelado Pucci, se encargó de brindarle apoyo externo para que Salvador, tras eludir los escasos controles de la comisaría, huyera.

“Cuentan que en esa fuga le dejaron una puerta abierta. Esa alcaidía era una pieza con dos barrotes que los empujabas un poco y se salían. Pero bueno, nunca quedó del todo claro. Sí recuerdo que se manejó con mucho hermetismo”, contó un funcionario judicial que se crió en Chos Malal.

Huyeron en una coupé Toyota Celica gris plomo que era de Salvador Pucci. Los hermanos tuvieron una ventana de tiempo considerable para llevar adelante semejante fuga.

De Andacollo a Chos Malal hay que transitar un camino sinuoso que en la actualidad conlleva una hora, pero en ese entonces se especulaba que se demoraba una hora y media.

Los Pucci pasaron por Chos Malal sin que todavía se hubiera irradiado la alerta de la fuga, lo que podría haber permitido que se montara un bloqueo y se lograra la detención.

Suponen que el escape lo hicieron por la Ruta Nacional 40 en dirección a Malargüe, en Mendoza, ya que atravesar todo Neuquén habría sido un delirio.

De Mendoza se dirigieron a Bahía Blanca, donde Salvador Pucci se alojó en un hotel. Como todo prófugo tenía efectivo, pero no el suficiente.

Advertida la fuga, la furia se hizo sentir dentro de la Policía y ni hablar en la Justicia. Dado que públicamente quedaron en ridículo, se trató de controlar que el hecho no tuviera mucha trascendencia.

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Pesquisas y captura

La brigada de investigaciones del norte neuquino comenzó a trabajar contra reloj en la búsqueda y captura del femicida.

“Se contactó a buches, fuentes y se libró una alerta a otras provincias. Pero fue clave enterarnos de que se había puesto de novio con una docente de la zona, por lo que se le hicieron tareas de inteligencia y rastreo”, recordó el Pelpa.

Durante la detención, Pucci entabló un vínculo con una mujer, algo que no es extraño en estos casos donde el personaje no deja de seducir pese a su crimen.

A la mujer se le intervino la línea telefónica, fija en ese entonces. Y como suele suceder en casi todas las historias de prófugos, más temprano que tarde Pucci llamó. Ese vacío de estar solo y en fuga es muy difícil de tolerar. Además, necesitaba más efectivo. Nunca es suficiente.

“Se pudo determinar que Pucci estaba en Bahía y la mujer, por viajar a verlo. Con esa información que conseguimos, dimos aviso a nuestro jefe, pero justo en ese momento no había móviles”, reveló el veterano investigador.

Apremiados por el tiempo y cortando clavos para no perder a Pucci, decidieron actuar. “Tomamos la decisión de llevarnos dos vehículos secuestrados, un Peugeot 505 y un Ford Taunus, y partimos para Bahía”, detalló Díaz Pérez, quien dejó claro que no pidieron cooperación a la Policía bonaerense porque temían que transaran con Pucci y lo dejaran escapar.

Al llegar a Bahía, muy temprano, comenzaron a recorrer los hoteles fingiendo ser mochileros que buscaban a un amigo. En los alrededores del centro de la localidad dieron con un alojamiento de medio pelo donde a pocos metros estaba estacionada la coupé Celica de Pucci.

Hablaron con el conserje, pero este se mostró desconfiado y se negó a darles información hasta que los pesquisas blanquearon la situación y el Pelpa sacó una foto de Pucci, que habían publicado los diarios, y le explicó que ese hombre que buscaban era un asesino.

El encargado palideció y abrió los ojos grandes producto del impacto de la revelación que acababa de hacerle el policía de la brigada de investigaciones. De inmediato les entregó la llave de la habitación donde se encontraba parando Pucci, que por cierto salía poco.

Al femicida lo sorprendieron durmiendo en calzoncillos. No tuvo ni chances de resistirse. Después, lo bajaron al comedor del hotel donde el conserje, en señal de arrepentimiento, les sirvió un desayuno a los integrantes de la brigada y a Pucci también.

La recaptura fue efectiva, pero el despliegue llamó la atención del personal de la comisaría de la zona y el propio Díaz Pérez se encargó de explicar la situación y hacer los trámites respectivos para extraditarlo a Neuquén.

En paralelo, otros integrantes de la brigada detuvieron a la novia de Pucci a unas diez cuadras del hotel. “Venía en auto y traía un bolsito lleno de guita”, confió el Pelpa, que al día de hoy está convencido de que si no lo agarraban en ese momento tal vez no lo atrapaban más.

A la hora de ordenar el operativo retorno, se tomaron ciertas precauciones debido a que el Pelado Pucci, hermano del asesino, tenía muchos conocidos en el ambiente delictivo del Alto Valle, porque lo que estaba latente la posibilidad de que intentaran cruzarlos en el camino.

Fue así que subieron a Pucci en uno de los autos de secuestro y un policía regresó al volante de la coupé Celica. En Villa Regina los esperaba otro grupo de policías neuquinos para conformar un convoy y asegurarse el ingreso al Alto Valle y un arribo seguro a Neuquén. A lo largo de todo el trayecto, siempre tuvieron las armas a mano.

Ni bien cruzaron el río, fueron derecho a la Unidad de Detención Federal 9, conocida como cárcel del sur, que se encontraba en pleno centro neuquino, y allí quedó detenido Pucci. Recién en 1997, el asesino de Tani fue trasladado a la U11, la cárcel que inauguró Jorge Sobisch en el Parque Industrial de Neuquén.

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Al costado del camino

La búsqueda de los restos de Tani fue algo que siguió su padre, Juan Carlos Lara, hasta el fin de sus días. De hecho, cuando Pucci estaba por recuperar la libertad en 2009, Juan Carlos lo fue a ver a la penitenciaría y, con el apoyo de varios investigadores, pudo hablar con él.

Juan Carlos le imploró llorando que le dijera dónde había enterrado el cadáver de su hija. La respuesta de Pucci fue estremecedora. “No hay nada que contar”, le dijo con voz de piedra y una mirada de desprecio.

El peregrino padre en busca del cuerpo de su hija se marchó de la U11 sabiendo que esa había sido su última oportunidad de encontrar a Tani y darle cristiana sepultura. Al poco tiempo Lara falleció; su esposa había partido antes.

El secreto de la ubicación del cuerpo quedó en Pucci, que, en un último gesto de soberbia y egoísmo extremo, la tarde del lunes 28 de julio de 2014 se ahorcó con el cable del televisor en su celda de la U11 donde debía cumplir 20 años de condena por haber asesinado a Miriam Flores.

Acá se podría decir que la historia concluyó, pero durante la pandemia, cuando todos estaban en sus casas y solo unos pocos transitaban cumpliendo un estricto protocolo sanitario, se produjo un extraño y fortuito hallazgo.

Corría el mediodía del 18 de junio de 2020. Un vehículo transitaba por la Ruta Provincial 31 en inmediaciones del paraje Huncal, distante a unos 40 kilómetros de Loncopué. Un joven de 18 años y su padre observaron un brillo fosforescente a la vera de la ruta y les llamó tanto la atención que frenaron. Caminaron unos 20 metros y lo que vieron los impactó: había restos óseos y un cráneo que, producto de la acción el clima, habían quedado a la vista. De inmediato dieron aviso a la Comisaría de Loncopué y, a las 15, una comisión se encargó de ir a chequear la información.

Los policías dieron intervención a la fiscalía y personal de Criminalística de Zapala se dirigió al paraje para recuperar los restos tras el trabajo pericial de rigor. El caso se tramita bajo el legajo judicial 32799 a partir del reporte policial 341.

Producto de la pandemia, con el país en el ojo de la tormenta y todos los recursos y esfuerzos destinados a combatir el maldito virus, no se pudieron agilizar las diligencias. Lo cierto es que los restos hallados, confiaron fuentes judiciales, fueron remitidos para sus respectivos análisis.

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Tanto a la Policía como a la Justicia, la idea de que podría tratarse de los restos de Tani Lara les generó escalofríos por todo lo que representó esa investigación y porque, además, se estaría cerrando un capítulo macabro de la historia criminal de Neuquén.

“Fue tremendo cuando nos avisaron del hallazgo de esos restos. Por la zona donde los encontraron, lo primero que se me vino a la cabeza fue Tani. A ese crimen nunca le dejamos de dar vueltas, dónde podría haber enterrado el cuerpo”, confió un oficial que conoce el caso desde antes de ser policía.

No obstante, en estos casos, antes de contactar a familiares, hay que aguardar que los expertos determinen si el esqueleto es de un hombre o una mujer, la edad aproximada y la antigüedad de los restos, para no generar falsas expectativas.

Al momento de concluir esta historia, nos llegó un documento oficial con fecha el 22 de septiembre de 2022. “En el día de la fecha, se comenzó el análisis de los restos óseos humanos provenientes del paraje Huncal (Loncopué)”, reza.

El informe aclara: “A partir de un análisis preliminar y superficial, serían en principio asignables a un solo individuo, adulto, de sexo masculino. En la superficie de los huesos se observan manifestaciones de efectos tafonómicos (marcas de raíces, meteorización, fracturas). A nivel macroscópico, las piezas dentales evidencian rasgos de desgaste, posiblemente por la incorporación de dietas abrasivas (esto puede ser un rasgo de antigüedad de los restos)”.

Es decir, los restos datan de más de cien años y son de un hombre, por lo que aún sigue abierta la incógnita de dónde descartó Pucci el cadáver de Tani Lara.

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