Con un posible paro anunciado para este jueves y decretado por La Fraternidad, el tren interurbano entre Neuquén y Cipolletti suma su segunda pálida en menos de una semana: el miércoles salió de funcionamiento durante siete horas por un desperfecto mecánico.
Argumentaron que el problema se debió al desgaste y la exigencia. Por el momento es una sola formación la que realiza el recorrido. La otra todavía no está en condiciones ya que requiere de tareas de mantenimiento que aún no se cumplieron.
Está claro que ambos percances no dejan de ser contratiempos que, de no repetirse en forma frecuente, no deben generar alertas sobre un servicio que esperamos que haya llegado para quedarse.
En cambio, sí es para abrir un signo de interrogación cuál es el alcance que tiene y tendrá como medio de transporte.
La realidad es que por ahora una parte importante de los usuarios lo toma como motivo de recreación. Las frases “es como salir a dar un paseo en familia” o “traje a los chicos para que lo conozcan” se escuchan a menudo cuando descienden los pasajeros.
Precisamente ayer, Hugo Tamborindegui, titular de La Fraternidad en Neuquén, se mostró optimista y dijo que ya se está notando una mutación del usuario. Cada vez son más lo que se suben para ir a trabajar, aseguró. Y consideró también que hay que darle tiempo a la gente hasta que se acostumbre a las frecuencias y los horarios.
Lo cierto es que el trayecto que hace hoy el tren está muy lejos de ser una opción válida para atenuar los problemas del transporte del Alto Valle. Sí podrá serlo en caso de que se extienda el recorrido, una promesa que no olvidamos.