Hoy la historia volverá al presente, al debut en busca de cortar la malaria que ya suma 23 largos años.
Messi y compañía tendrán en Estados Unidos, el lugar donde le cortaron las piernas el Diez y truncaron su último sueño mundialista en 1994, la chance de terminar con una maldición que ya se comió a un par de generaciones de estrellas, brillantes en Europa, opacas con la celeste y blanca. No será lo mismo que triunfar en Brasil hace dos años, tampoco se igualaría con una vuelta olímpica en Rusia. Pero serviría para sacarle de los hombros una mochila que ya suma muchos kilos a este plantel que se ahogó en la orilla en los dos últimos torneos y que necesita una reivindicación para encarar el objetivo más importante un poco más cerca del corazón de la gente. Donde estarán siempre aquellos héroes del 86.