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¿Qué hacemos con estos tipos?

Mario Cippitelli

 

Nadie tiene la respuesta. Hay reacciones lógicas como las de cualquiera que se entera que un tipo abusó o violó a una mujer o a una nena. Pero nadie sabe bien cuál es la solución. ¿Qué se hace con un tipo así? ¿Cómo sigue? Son preguntas obligadas.
El presunto abusador de Parque Norte tenía condenas por delitos sexuales, es decir que era reincidente, como tantos que sufren este tipo de patologías y van dar con sus huesos a una cárcel para que –supuestamente– participen de un proceso de resocialización. Ahora vendrá un juicio y probablemente una condena. ¿Cuántos años? No importa.
Lo que debería plantearse es que cuando este hombre salga en libertad probablemente reincida, porque es un enfermo. La cárcel servirá para sacarse el problema de encima por un tiempo. No tratará de recuperarlo porque ni siquiera puede recuperar al delincuente común, aquel que delinque sin tener un trastorno mental. Desgraciadamente, esa línea delgada que separa a los delincuentes comunes de los psicópatas, violadores o cualquier depredador que tenga una patología es invisible para el sistema. Están todos mezclados. A lo sumo se los dividirá en pabellones, pero no para trabajar en serio en una recuperación. Salvador Pucci –en términos psiquiátricos, un psicópata– estuvo 20 años preso por matar a su mujer y cuando salió de la cárcel no alcanzó a estar un año en libertad que volvió a matar a su nueva pareja. El sistema lo encerró, pero no lo curó para evitar la segunda desgracia.
¿Qué hacemos con estos tipos? La sociedad reacciona y pide castigos ejemplares. El sistema, en tanto, hace silencio. Esconde la basura debajo de la alfombra hasta que llegue el momento de volver a barrer.