Qué le pasa al cerebro cuando nos toca el amor

Comprobaron que se producen alteraciones en 12 áreas al mismo tiempo.

Chongquing
Cuando se habla del amor, muchas veces se lo toma como algo emocional y contrapuesto a lo racional. Sin embargo, ese sentimiento tan intenso tiene un lugar en nuestro cerebro. Y no sólo eso: hasta lo modifica. ¿Cómo es eso?

Durante siglos, el amor romántico ha sido inspiración de canciones, poesías, historias y leyendas, y ha jugado un importante rol en la supervivencia, reproducción y evolución humana.

Ejercicio El esfuerzo por mantener la relación hace que se desarrollen nuevas conexiones.

Pero, en el último tiempo, el amor también se ha convertido en un misterio digno de la ciencia, sobre todo para las áreas que intentan descifrar los procesos neurobiológicos implicados en él.

Así, un equipo de investigadores chinos y estadounidenses acaba de descubrir que tener una relación romántica produce alteraciones en la "arquitectura del cerebro".

Hormonas Entre otras reacciones químicas, con el enamoramiento el cerebro produce endorfinas.

Según publica la revista Frontiers in Human Neuroscience, la persona enamorada tiene una mayor conexión entre las regiones del cerebro asociadas con la recompensa, la motivación, la regulación de la emoción y la cognición social.

Específicamente, el amor de pareja involucra una docena de partes del cerebro distintas que se activan de manera coordinada y todas al mismo tiempo.

Durante el estudio se registró actividad cerebral incluso en estado de reposo.

Si bien trabajos previos habían cartografiado la actividad cerebral de los enamorados cuando se les mostraban imágenes de sus parejas, es la primera vez que se registra la actividad del cerebro en estado de reposo.

"El estudio proporciona la primera evidencia empírica de alteraciones relacionadas con el amor en la arquitectura funcional del cerebro", señala el autor principal de la investigación, Hongwen Song, de la Southwest University en Chongquing, China.

Estudio con resonancias
Para llegar a esta conclusión, los científicos realizaron un estudio con 100 estudiantes, a quienes se dividió en tres grupos: los enamorados, los que habían dejado de estarlo y los que estaban solos. Todos fueron sometidos a resonancias magnéticas.

Los investigadores encontraron en el grupo de los enamorados un aumento de la actividad cerebral en una zona llamada cortex del cíngulo anterior, en el hemisferio izquierdo.

Mientras tanto, en los otros dos grupos se detectó una reducción de la actividad en el caudado bilateral, una estructura asociada con la expectativa, la representación de los objetivos y la integración de la información sensorial.

A su vez, hallaron que en el grupo de los enamorados no sólo se activaba el cíngulo anterior, sino que éste desarrollaba conexiones con otras áreas que forman la red cerebral asociada con la recompensa, la motivación y la regulación emocional.

Según explican los investigadores, el aumento de la conectividad en estas regiones del cerebro "puede ser el resultado de los esfuerzos frecuentes (de los enamorados) para controlar su propio estado emocional, así como el estado emocional de su amante, y ajustar estrategias cognitivas para resolver todo eventual conflicto con el fin de mantener su relación romántica".

Unos y otras
Pero no es igual para todos

Según investigadores de la Universidad de Navarra, en España, si bien hay procesos cerebrales estandarizados, hay una etapa en que el amor no afecta de igual manera a todos.

Por ejemplo, el cerebro segrega una mayor o menor cantidad de hormonas en el cuerpo humano en función de su sexo. Así, en las mujeres se observa una mayor segregación de oxitocina, una hormona que aumenta con el contacto físico y la mirada, y que es la encargada de disparar el aumento de la confianza, y la pérdida de enjuiciamiento del otro.

En los hombres, en cambio, lo que aumenta es la vasopresina, que, además de regular el agua del organismo, aumenta la sensibilidad nerviosa y potencia la conocida testosterona.

La vasopresina facilita en los hombres la empatía y aumenta la detección de estímulos eróticos.

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