No solamente los perros de ciudad, sino también aquellos que en el campo dedican su vida útil a la guardería y vigilancia de viviendas o propiedades rurales, se sienten especialmente alegres cuando su amo les dedica unos minutos para deambular por áreas abiertas, parques o zonas silvestres. Estos momentos que, por supuesto, no son tan necesarios para los perros que pueden recorrer un espacio grande de terreno, se tornan imprescindibles para los animales de ciudad confinados en un departamento del que únicamente salen para realizar sus necesidades fisiológicas dos o tres veces diarias.
En cualquier caso, el propietario dedica bastante tiempo a esta actividad, en la que generalmente establece lazos de amistad con otras personas que se reúnen en algún parque o descampado próximo a la zona urbana de residencia. Las dos o tres horas diarias de paseo con buen o mal tiempo, de día y de noche, serán ratos inolvidables, de gozo y comunicación con nuestro perro o, por el contrario, auténticos suplicios en los que evitaremos el encuentro con otras personas y animales, estando además pendientes de las pertinaces desobediencias de nuestra mal educada mascota. Por eso hay que tener algunas cosas claras. Libertad y obediencia, por ejemplo, es un binomio difícil de conseguir con determinados perros que, independientemente de la raza, se obstinan en tirar de su dueño si van atados con la correa o se escapan para molestar a otros canes, entablando peleas o cruzando peligrosamente las calles con riesgo para su propia vida y, lo que es peor, siendo a veces causantes de accidentes.
Tanto sujeto por la correa como suelto, el perro deberá siempre obedecer a su amo. Para que esto ocurra, es útil llevarlo atado con la correa corta y tironeándolo suavemente si intenta adelantarse. También sirve -sin abusar- tener un diario en la mano opuesta a la que tenemos la correa, y darle un ligero golpecito en el hocico acompañado con un “no” seco y enérgico. Este acostumbramiento hay que mezclarlo con frenos repentinos y siempre rectos en el camino por el que vamos, para que se acostumbre a respetarlo.
Como este aprendizaje comienza desde que el perro es cachorro, es importante mechar la correa corta con algunos espacios y momentos de libertad, que debemos ir amoldando, de forma que el perro sin estar atado ejecute los mismos ejercicios y acompañe el andar de su amo.