Capitanio, quien testificó en horas del mediodía, explicó que cada vez que los represores dejaban en libertad a un detenido le ordenaban no presentarse en el Obispado, puesto que conocían la decisión del párroco de difundir lo que sucedía en el centro de detención.
Además, el sacerdote sostuvo que varios miembros de la inteligencia militar sabían que en “La Escuelita” se torturaba.
Ya fuera del recinto, Capitanio habló sobre Don Jaime De Nevares. "Él había adoptado un actitud de no ocultar lo que pasaba. De decirlo, de denunciarlo. Porque a medida que se sabía lo que estaba pasando, se contrarestaba el silencio de ellos, y no estaban tan libres, tan impunes, y tenían que cuidarse mas".
En primera instancia, testificó la militante por los Derechos Humanos, Noemí Labrune. En sus declaraciones describió las primeras denuncias realizadas en la región por la desaparición de hombres y mujeres en manos de las fuerzas armadas.