El Panadero Napolitano –energúmeno con carnet y gas pimienta casero– admitió ser la mano ejecutora en el bochorno del Superclásico. “Y encima estaban las cámaras, porque si no, zafaba”, aclaró el muy tonto. A Florencio Randazzo, ministro y precandidato a presidente, se le ocurrió burlar el estilo new age de su competidor, el gobernador Daniel Scioli, en medio del examen de los intelectuales orgánicos de Carta Abierta. “Con fe, con diálogo, con optimismo”, imitaba el ministro con simpatía. Pero cuando confesó que quiso ser presidente porque sin Cristina el proyecto se quedaba “manco”, metió la pata. La claque no tardó en celebrar la ocurrencia (¿involuntaria?) que quedó filmada por uno de los presentes. La alusión al brazo que perdió Daniel Scioli en tiempos de motonauta desató la indignación. Y el ministro Randazzo, antes de pedir disculpas, culpó… a los medios. “Esto se debe a la impunidad mediática”, dijo.
Casi, casi, como el Panadero de la Doce.