El especialista de la Universidad Federal de Río de Janeiro Eduardo Crespo repasa las principales tendencias de la economía mundial. Considera que en Europa lo peor de la crisis todavía no llegó y que en Estados Unidos es difícil saber si quedó atrás. Para el resto del mundo, en particular para América Latina, pronostica la continuidad del crecimiento.
Por Eduardo Crespo
(*)
Asia, América Latina y África
seguirán creciendo en 2011. Los precios internacionales de las materias primas
se recuperan y la demanda asiática crece a niveles precrisis. Las principales
economías de estas regiones redujeron sabiamente sus niveles de endeudamiento
en monedas extranjeras y acumularon cuantiosas reservas en dólares. En la
mayoría de los casos, aplican políticas económicas expansivas. La demanda de
alimentos y materias primas de China y Asia en general seguirá creciendo por
varios años, al menos hasta que la urbanización y la industrialización superen
cierto umbral crítico. En el caso de América Latina, estas tendencias se
refuerzan porque tienden a mejorar los términos del intercambio. Los precios de
los productos industriales que importa tienden a definirse cada vez más por los
costos asiáticos, en tanto que los precios de las materias primas son
impulsados hacia arriba también por la demanda asiática. En el corto plazo, el
mayor problema, por cierto no menor, es que todo este proceso genera un piso de
inflación bastante alto para toda la región.
Estados Unidos: sin reformas
del régimen que ocasionó la crisis
La situación en Estados Unidos
y Europa es bastante diferente. En Estados Unidos, la intervención de la FED (Reserva Federal -Banco
Central-) logró evitar un colapso completo del sistema bancario y financiero.
En base a ello se registró una muy incipiente recuperación. Sin embargo, los
hogares estadounidenses siguen muy endeudados, especialmente los integrados por
trabajadores. Y el endeudamiento coincidió con un estancamiento estructural de
los salarios. En este contexto, no es previsible que Estados Unidos recupere
altas tasas de crecimiento hasta que el endeudamiento privado no se reduzca a
niveles más manejables, lo que probablemente no ocurrirá en un tiempo breve.
Hoy el desempleo abierto en Estados Unidos ronda el 10% y ya se escuchan muchas
voces pidiendo que el gobierno reduzca el déficit fiscal, medida que retrasaría
mucho más la recuperación. Por otro lado, Obama no impulsó ninguna reforma
sustancial del régimen institucional que generó esta crisis. El mercado
financiero continúa tan desregulado como antes. Fue rescatado de la quiebra y
no pagó nada por el daño causado. Y si a esto se le suma un contexto de
bajísimas tasas de interés, no es improbable que vuelvan a generarse burbujas
financieras (como en commodities) que temporariamente reimpulsen la economía,
pero que una vez acabadas vuelvan a sumergir al sistema en una crisis. Por eso,
de Estados Unidos en los próximos tiempos se seguirán recibiendo noticias
encontradas, algunas que apuntarán a la recuperación y otras que anunciarán
nuevas caídas en los niveles de actividad.
Europa: provincias monetarias
de un país inexistente
En Europa el escenario es
mucho más desolador. Hoy está ante el dilema de un default generalizado y una
salida del euro por parte de varios países, especialmente los PIIGS (Portugal,
Irlanda, Italia, Grecia y España) o una larga deflación que igual podría
terminar en default y con la ruptura del euro. Al interior de la Unión las asimetrías
preexistentes tendieron a profundizarse en los últimos años. En todos los PIIGS
el sector privado se endeudó en forma ininterrumpida (en Grecia también ha
ocurrido esto con el sector público) y sus economías mantienen un déficit
comercial crónico con Alemania. Y son precisamente éstas las economías que más
crecieron y que aumentaron su productividad. Sin embargo, perdieron
competitividad con Alemania, porque en este país las políticas contractivas y
de contención salarial permitieron que las mejoras salariales vayan por detrás
de la productividad. Antes del euro, estas asimetrías se corregían con
devaluaciones. Es el caso de Italia; durante todo el milagro de la posguerra.
Pero ahora, con una moneda común, esta solución no existe. Cada país se
convirtió en una provincia monetaria de un país inexistente. Las políticas
fiscales, industriales, salariales son administradas por separado por cada
país. El Banco Central europeo no tiene una deuda pública correspondiente a
todo el bloque ni se compromete con la performance de los países en apuros
financieros. Así, cuando llegó la crisis a Europa, cada país debió salir a
rescatar a su sistema financiero sin contar con autonomía monetaria. Y fue en
este contexto cuando aparecieron los déficits fiscales en la mayoría de estas
economías, al tiempo que comenzó a temerse por el no pago de las deudas
públicas. Ésta es una de las principales diferencias de Europa con relación a
Estados Unidos.
Guerras devaluatorias y
neoproteccionismo
Hoy existe una tendencia a la
apreciación de las monedas de los emergentes, no a la devaluación. Es más, los
países en crisis están presionando para que esto ocurra. Ahora bien, podríamos
preguntarnos: ¿es previsible una significativa devaluación del dólar o del euro
con relación a las monedas de las economías emergentes? En el caso del dólar,
entiendo que si esto ocurre será más el resultado de una decisión (o presión)
política que el fruto de un mecanismo de mercado. Y el motivo es simple: los
países que más cuentan en esta historia, especialmente China, fijan la cotización
de sus monedas con relación al dólar mediante la acumulación de reservas. De
esta forma, sólo una fuerte presión estadounidense podría promover una
devaluación del dólar frente al yuan. En cuanto al euro, tampoco es previsible
una fuerte devaluación por el momento. Sobre todo, teniendo en cuenta el horror
que los alemanes tienen por la inflación.
El proteccionismo siempre se
refuerza en períodos de crisis. Y para que esto ocurra no es necesario que se
intensifiquen las protecciones arancelarias o las devaluaciones competitivas.
Existen muchas otras formas de protección, a veces sutiles, que ya se están
implementando en casi todos lados, como las medidas paraarancelarias y las
formas de protección encubiertas como restricciones ambientales, sanitarias, etc.
De hecho, muchos autores europeos, como Sergio Cesaratto, señalan al
proteccionismo alemán, predominante antes y después de la crisis, como una de
las principales causas de la crisis del euro. En otras palabras, la política de
mantener a raya los salarios en relación a la productividad y de impulsar un
tipo de crecimiento que reprime la demanda doméstica y sólo promueve
exportaciones puede interpretarse como una forma de proteccionismo.
China: “culpable de todo”
Muchos analistas apuntaron a
China como la principal responsable de la crisis. Sin dudas, la expansión de la
producción china en el mercado mundial y el desplazamiento de empresas de
Estados Unidos y Europa hacia China pueden tener consecuencias negativas sobre
el empleo y los salarios norteamericanos y europeos. Ahora bien, China no es
responsable por el estancamiento de los salarios en Estados Unidos ni por la
desregulación financiera irresponsable. Estas son tendencias que se venían
imponiendo mucho antes de que China empezase a gravitar en el mercado mundial.
Salvo que ahora se descubra que Reagan y Thatcher eran chinos disfrazados de
anglosajones, me parece que la explicación hay que buscarla en otra parte.
Tampoco se puede responsabilizar a China por las políticas contractivas
europeas ni por los horrores institucionales que acompañaron el nacimiento del
euro. Es más, la entrada de productos baratos desde China a Estados Unidos
contribuyó a mantener bajos los niveles de inflación, incluso en períodos de
elevado crecimiento como la segunda mitad de los ‘90. Por otro lado, y esto es
lo más importante, la crisis no tiene ninguna relación directa con el déficit
comercial estadounidense. Al contrario, en el auge de la crisis la demanda de
dólares aumentó y muchas monedas se devaluaron con relación al dólar. Y el
motivo es simple: la crisis se originó en la incapacidad de millones de
deudores estadounidenses a la hora de pagar sus deudas en dólares. Si se
tratase de una crisis de balanza de pagos que debilita al dólar, no se entiende
por qué Estados Unidos está presionando a China y a casi todos los emergentes
para que dejen de comprar dólares. Y en Europa ocurre exactamente lo mismo. Las
deudas están nominadas en euros y algunas de sus economías, como la alemana, se
cuentan entre las más competitivas del mundo. Otros encontraron explicaciones
aún más ingeniosas a la hora de responsabilizar a los chinos. Llegaron a decir
que la compra de dólares por China generó las bajas tasas de interés que
impulsaron las burbujas financieras. Es increíble hasta donde llega la
ideología. Las bajas tasas de interés en Estados Unidos fueron un resultado
deliberado de la política de la
FED desde los ‘90. En tiempos de Clinton se impulsó una
fuerte reducción del gasto público. En ese contexto, ¿cómo se explica el fuerte
crecimiento que experimentó la economía norteamericana en una etapa de
contracción fiscal? Para un keynesiano esto podría resultar una paradoja. La
ortodoxia económica, que hoy absurdamente acusa a los chinos por las bajas
tasas de interés, en ese entonces festejaba la “contracción fiscal
expansionista”. Ahora bien, ¿cuál era la verdadera causa de la expansión?
Entiendo que la respuesta es sencilla: las bajas tasas de interés impulsadas
por la FED
estimularon un boom de deuda privado que compensó con creces la contracción
fiscal 2
(*) Politólogo, economista y
profesor de la
Universidad Federal de Río de Janeiro.