¿Qué secuelas deja ese choque digital en este tema al producir una brecha importante entre aquellos que pueden acceder a la tecnología y quienes no?
Hay una diferencia muy grande entre quienes tienen y quienes no tienen la tecnología. Pero hay tres billones y medio de celulares. Y mucha gente tiene dos y hasta tres celulares. Entonces hay que revalorar esa imagen de aceleración que es increíble. El celular es, cada vez más, una pequeña computadora. En 2003, cuando se publicó en español mi libro tenía que ver con esto. Es como siguiendo el futuro shock, de Alvin Toffler, pero él decía que lo digital «aceleraría» el choque del futuro. Hoy estamos en la situación inmigrantes y nativos. Las nuevas generaciones nos piden muchos contenidos y velocidad pero no tienen esa instancia crítica como nosotros. Hay que tomar consciencia que es un cambio radical, pero que va a tener tanto o más impacto que la invención de la imprenta por Gutenberg. Aunque se desarrolla más rápido. Cada vez hay computadoras más baratas y se democratiza el acceso.
¿Cómo juega en este contexto la tecnociencia?
Por lo pronto, tiene una dependencia total de la tecnología. No es una meditación sobre la gravedad como Newton, es una ciencia que tiene una relación de esclavitud de la tecnología. Y esa es hoy digital. La ciencia no es más la clásica de observación y de experimentación, es una ciencia de modernización de archivos digitales. Lo que sabemos de la astrofísica son archivos digitales y los podemos ver y archivar. El mundo de hoy ya no es un reloj como se pensaba en el siglo XVIII. Hoy interpretamos también el cuerpo humano como un dispositivo de información que podemos manejar, podemos modificar una molécula, una parte del cuerpo con una droga, podemos analizar la economía, cambiarla. Todo es información y la cultura también se hace digital. La educación se hace más digital, la democracia progresa con Internet ya sea en China o Medio Oriente. La transparencia de lo digital ayuda a promover los derechos humanos. Cada vez se hace más difícil esconder cosas. Cualquiera puede filmar o sacar fotos con un celular y en segundos estar a la vista de todos en youtube. Hasta el psicoanálisis entró en el mundo web. Y las iglesias tienen sus páginas webs. No permiten la confesión on line pero es cuestión de tiempo. Hasta la vida en familia es digital. Yo no veo nada que no se vuelva digital, para bien o para mal. Pero cuando es malo no es la tecnología lo que hay que diabolizar, es el uso de la tecnología lo que hay que diabolizar. El uso que hacen los humanos es problemático. No la tecnología. Es parte de nuestra cultura y humanismo. El poder es tan grande que no se si tenemos la sabiduría necesaria como para poder controlar ese poder de destrucción o creación que tenemos en las manos hoy. Me parece que hay una brecha entre el poder instrumental y digital que crece verticalmente y la evolución del cerebro humano que se queda un poco horizontal.
¿Aquí es donde se torna vital la filosofía, o ciberfilosofía?
Claro. Es que la tecnología arrasa con todo y más rápido que la consciencia y las ideas, que quedan atrás. El arte está detrás también de la tecnociencia y eso es inédito. Y nos hace entender que nos falta un pensamiento en el nivel de cambio, nos falta lo que llamo la ciberfilosofía. De a poco se va organizando. Eventualmente, se va a calmar este ritmo de velocidad. Si no nos destruimos dentro de quince o veinte años, tenemos chances de adaptarnos. Hay muchos aspectos positivos y negativos. Los positivos se ven, los negativos quizás están más escondidos. Por ejemplo, creo que es importante que las personas continúen leyendo libros, porque es una base de la democracia, del pensamiento crítico de todo progreso humano de occidente. No es que el libro va a desaparecer o se va a hacer digital. Me para que en las escuelas hay que resistir, promover la lectura de libros. Son una herramienta de educación. Es necesario detenerse y tomarse el tiempo para leer. Es una meditación es una base de nuestra consciencia. No se puede bailar y pensar al mismo tiempo. Hay que tomar los beneficios de lo digital, pero también hay que resistir en los abusos. Hay que defender el libro papel en la cultura y en las escuelas.
Más allá de su mala experiencia con el e-book, ¿cree que el libro en soporte físico tiende a desaparecer?
Creo que es un error pensar que hay que poner el libro on line. Un producto web tiene otra estética, otros usos, otras virtudes que el de papel. Nadie va a leer un libro de 100 páginas en pantalla. Empezamos siempre con la migración de viejos contenidos en los nuevos medios pero la televisión no es radio más el plus de imagen o la fotografía no mató a la pintura sino que la hizo libre para escapar del intento de imitar la realidad. Lo que sabemos es que el libro tiene un valor enorme y que va a seguir con su tecnología. Creo que la pantalla tiene que inventar sus contenidos, tienen que ser de otro tipo de lenguaje, de usos y de estética. Poco a poco lo va encontrando. Pero su utilidad es muy importante. Por ejemplo, para promover un evento, un libro o hasta para elegir un hotel para un viaje. Esto es mágico. Es un valor agregado enorme. Pero la velocidad destruye las formas. La velocidad propone otra estética y eso los artistas no lo manejan hasta hoy. Son quince años y los momentos primitivos de una nueva era. Es cierto que se va a tomar consciencia del papel que lo digital tiene y tendrá. La incógnita es saber cuando se desprenderá de los otros lenguajes. Solamente estamos hoy con ideas falsas, muchas. Es todo confusión. Pero es normal. Acá no hay modelos ni referencias.
En esa velocidad no parece haber entrado la pedagogía en la era digital. ¿Cómo debería funcionar?
Creo que una cosa muy importante es que la ciberpedagogía está al revés que la pedagogía tradicional. En la web 2.0 no hay autoridad sino participación. Tiene que ver con la seducción, con lo lúdico. Y no es un pensamiento líneal de una cosa que se tiene que aprender como el catecismo. Es la idea de explorar, de seguir links. No hay modelos. La crisis de la pedagogía digital tiene que ver con que no hay contenidos de calidad, a los profesores les falta formación y están detrás de los niños en eso. Y eso genera miedo. La responsabilidad de las escuelas es alfabetizar a los niños en Internet, aprender a usarla de manera inteligente y educativa, no sólo con juegos y pornografía. Internet para los niños pude ser lo mejor o lo peor. Hay que aprender a usar Internet en las escuelas como se aprende a leer. Pero es más difícil. Hay otros problemas. La responsabilidad de la educación es una prioridad pero es más difícil que nunca. No quiero ser reaccionario o conservador y decir que hay que sacar la PC de la escuela. Sería un error. A la PC hay que aprender a manejarla, a proponer contenidos pedagógicos de calidad. Y para eso se necesita más de cinco años para lograrlo.
¿Qué consecuencias puede generar la falta de consciencia sobre este momento?
Las divergencias pueden tener consecuencias enormes. Ahora es claro que estamos en un momento de divergencia y sin saber cómo se va a terminar. Tenemos la opción del optimismo. Pero creo que es fundamental que tomemos consciencia que el destino de la humanidad no se lee ni en la naturaleza ni en los libros. Estamos en un avión en el cielo sin saber adonde ir. No hay piloto ni navegador que indique donde aterrizar. Estamos suspendidos y necesitamos aprender a manejar el avión. Darle un sentido a la aventura humana. Y la toma de consciencia es nuestra responsabilidad. Hay que ser consciente de la responsabilidad del peligro y de la capacidad. Somos responsables de nuestro futuro. Nadie lo va a hacer por nosotros. El poder de la creatividad y la tecnociencia se vuelve un motor de evolución antropológica. Tenemos entonces más sentido de la consciencia en nuestra responsabilidad. Y este aumento de la consciencia lo denomino ‘hiperhumanismo’. Hiper en el sentido de los links, de las vinculaciones que necesitamos que se construyan ante nosotros como si la humanidad sea un hipertexto. Lo que tenemos que lograr es una mutación, un aumento de la consciencia humana. No se si se va a lograr como una necesidad biológica (en la inteligencia de la naturaleza) o si lo vamos a pensar como invención humana de un proyecto, porque la especie humana tuvo muchas mutaciones.
El arte debería ser el primer involucrado, aunque aparece alejado y hasta extrañado de este contexto, ¿porqué?
El arte tiene hoy una crisis terrible. También el digital. El público no se reconoce con el arte contemporáneo, cómo que no vale un presupuesto de un departamento público. El mercado sigue con obras del pasado pero la crisis del arte hoy es total. Los artistas que hacen bioarte y trabajan con la inteligencia artificial se aprovechan de la ciencia para cuestionarla, ilustrarla. Y se aprovechan de la ciencia ficción. Y también la tecnociencia se acerca desde la ciencia ficción. No importa que el arte no tenga calidad estética o se conserve si contribuye a formar consciencia. El problema que veo con el arte digital que recién comienza es que es volátil. Ningún museo lo puede conservar. Se pierde la memoria de la cultura. Nace cada día y se pierde cada día. Es problemático que una cultura no tenga memoria. Mi solución es la de pintar en tela, porque se conserva en el tiempo. Mi intención es detener la canilla de pixeles y lograr imágenes emblemáticas o icónicas de la era digital como los códigos de barra o las pinturas de ADN.