En estos últimos tiempos nos estamos acostumbrando a ver y digerir cómo personas que estaban presas por distintos delitos ni bien recuperan la libertad caen en desgracia por hechos similares. Recientemente se conocieron distintos casos que fueron visibilizados por los medios y que dispararon en las redes sociales el rechazo de la sociedad.
En agosto, Agripinio Rubio fue detenido, acusado de abusar de dos jóvenes a las que habría abordado en Parque Norte. A punta de cuchillo, las llevó hasta la zona de la meseta, donde se produjo el abuso que conmocionó a la ciudad y generó medidas de seguridad extremas en ese lugar, usado por miles de neuquinos. El hombre fue detenido en Allen por la Policía de Río Negro cuando intentaba escapar de la región. Agripinio había cumplido una condena por una causa probada de abuso que fue similar a la que padecieron las jóvenes de Parque Norte. En la búsqueda de información se pudo saber que nunca recibió un tratamiento estando preso.
Otro caso reciente fue el de un preso que, gozando del beneficio de las salidas transitorias, aprovechó para asaltar una estación de servicio bajo la modalidad de motochorro. Después del robo regresó a la cárcel, como si nada hubiera sucedido. De no ser por las cámaras de seguridad del local asaltado, nadie lo hubiera descubierto. Estos casos, que son los que salieron a la luz, dejan a la vista que el sistema penal no reforma a los individuos tal como sostiene el ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni. El Estado está lejos de cumplir con su función de reinserción y los gobernantes lo saben. Hoy, la cárcel es un lugar sin retorno, la reinserción una utopía y la reincidencia de a poco se transforma en una constante.