Insultados
Los militares salieron de la sala de debate esposados, en fila india y protegidos con chalecos antibala provistos por el Servicio Penitenciario Federal.
Fueron acompañados por corpulentos hombres hasta la puerta de acceso al edificio judicial, donde los esperaban dos camionetas Trafic de la fuerza nacional.
Numerosos familiares de los jóvenes detenidos y torturados, no resistieron y descargaron todo tipo de insultos. Los vehículos donde se protegieron los ex militares fueron golpeados con los puños y patadas, hasta que salieron del lugar por la calle Carlos H. Rodríguez hacia el Este. No se sabe a qué lugar.
Algunos de los militares se mostraban inconmovibles, sin remordimientos. No disimularon algunas expresiones de júbilo. Otro evitó sonreírse y optó saludar a un abogado defensor, con un guiño cuando despacito bajaba las escaleras del Tribunal.
Después de la presurosa salida de los vehículos de la U-9, en la calle de un lado a otro caminaba Oscar Ragni, cuyo hijo aún permanece desaparecido.
Había insultado y maldecido a los acusados con toda su fuerza y con la bronca que arrastra desde hace más de treinta años.
Ayer no resistió y gritó su contenida impotencia por la desaparición y muerte de su hijo.
En un costado sobre la vereda estaba Francisco Ledesma. Sus ojos estaban inflamados de llanto. Estuvo detenido más de cinco años en Rawson, en “La Escuelita” y la U-9.
Las actividades se retomarán el lunes desde las 9 con la comparencia de varios testigos, entre ellos el sacerdote Rubén Capitanio.
Neuquén > Rubén Obeid fue detenido el 14 de octubre del ‘76 en Contralmirante Cordero cuando viajaba en un colectivo. Tenía 29 años. El operativo fue realizado por varios individuos que viajaban en un Ford Falcon verde. Horas después allanaron su casa.
En “La Escuelita” fue insultado, golpeado. Lo mojaron, le colocaron electrodos en la cabeza y lo picanearon.
Fue liberado el 10 de marzo de 1979.
Francisco Ledesma, se encontraba detenido en Rawson desde el 21 de enero de 1976. Fue trasladado por personal del Ejército a esta ciudad y su primer contacto fue con el mayor Farías Barrera, quien lo trasladó y ordenó su detención en “La Escuelita”, donde fue torturado con picana, le aplicaron el submarino seco (una bolsa de nylon en la cabeza).
También fue golpeado y finalmente encerrado en un calabozo de Rawson, hasta 15 de diciembre de 1981, fecha en la que recuperó su libertad.
María Cristina Luca, Marta Inés Brasseur y Graciela López fueron detenidas en Cipolletti, entre el 19 y 20 de noviembre del ‘76.
Como en todos los casos, fueron interrogadas y torturadas en “La Escuelita”. El 3 de diciembre fueron llevadas en avión hasta Paraná, Entre Ríos.
Luca fue liberada el 8 de junio del 83, Brasseur, el 17 de marzo de 1982. López, también en el mismo año.
Pedro Tressa y María Ruchetto fueron detenidos e interrogados y torturados en “La Escuelita” durante tres días.
El joven mantenía una relación sentimental con María Luca. Rucheto, en marzo del ‘76 se desempeñaba como docente en Planicie Banderita.
Islanda Becerra, militante de la Juventud Peronista, fue apresada ilegalmente el 15 de diciembre de 1976 por efectivos policiales y civiles cuando tenía 19 años.
En “La Escuelita” fue atada a un catre, esposada de pies y manos y encapuchada. Fue picaneada en las sienes, la boca, simulaban que le disparaban en la cabeza. Quedó libre el 31 de diciembre del mismo año, aunque fue obligada a presentarse en el Comando del Ejército durante quince días, hasta 1978.
David Lugones, apresado el 29 de abril del ‘76, fue trasladado a esta ciudad al 27 de diciembre del mismo año. Un día después lo llevan a “La Escuelita”, donde fue atado a una cama de pies y manos y torturado. Allí reconoció al joven Oscar Ragni, entre otros detenidos.
El 29 de diciembre le hicieron firmar una declaración con los ojos vendados y lo amenazaron que no hablara de lo ocurrido en el centro de detención.
Escenario
Neuquén > Oscar Ragni dijo que “los sentimientos hoy me vencieron. Saqué todo lo que guardaba. Fuimos tolerantes; responden a una institución que no es noble”. Y, añadió: “Ya no los respeto”.
El hombre que en 1976 y durante largo tiempo se entrevistó con varios de los militares imputados, implorando por conocer la suerte de su hijo, contó que “está presente junto con los 30 mil compañeros desaparecidos”.
“Hasta ahora nadie ha dado razón de su muerte, pero hoy me siento un poco mejor” y continuó abrazándose con amigos y familiares de las víctimas. Estaba aliviado.
Muy cerca estaba Noemí Labrune, una de las fundadoras de la Asamblea por los Derechos Humanos de Neuquén. Remarcó que “no tienen coraje” para permanecer de frente al Tribunal y la comunidad en general.
Añadió que “estamos transitando la última etapa, que precisamente fue llegar a la Justicia. Hagan lo que hagan no podrán evitar la sentencia que seguramente escucharán en una cueva”.
Finalmente dijo que las evidencias “son concluyentes” y calificó como “ejemplar la instrucción de la causa conducida por el juez Guillermo Labate y la secretaria, Silvina Domínguez.