La aparición de restos fósiles que se vendían como dijes en dos puestos del Encuentro Nacional de Artesanos, que se desarrolla por estos días en la capital neuquina, no debe pasarse por alto ya que el hecho constituye un delito federal al infringir la Ley Nacional de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico. Estos elementos deben estar en museos o registrados, si se trata de una colección privada, y están prohibidas su venta, compra y extracción.
Hace unos años, el arquitecto y restaurador de monumentos arqueológicos Daniel Schávelzon aseguraba a quien escribe estas líneas que para consumar este tipo de delito hacen falta dos: alguien tiene que dejar que otro se lo lleve. En esto, no hay inocentes. En la Argentina, sostenía, el problema está en establecer leyes muy represivas pero livianas en su control. Lo que daba como resultado que en un país tradicionalmente exportador de patrimonio cultural el mercado negro hacía de las suyas. El saqueo es parte de una industria. Como hay un mercado de las drogas y de las armas, hay un contrabando de piezas arqueológicas, paleontológicas o de arte. Se trata de una problemática, de un delito que actúa en varios frentes. En este sentido, los pasos fronterizos se presentan como la mejor carnada para el mejor postor, por eso la necesidad de difundir campañas de prevención y concientización sobre este delito.
Quienes trabajan para combatirlo señalan que el perfil de personas que participan de este delito es de muy alto poder económico. Muchas veces el tráfico de piezas arqueológicas se da sobre la base del desconocimiento de unos y el interés de otros. Por eso es necesario trabajar para que la memoria cultural sea preservada y protegida.
Para consumar este tipo de delito hacen falta dos: alguien tiene que dejar que otro se lo lleve.