Revivir las palabras de un gran autor

Un elenco rosarino presentará su adaptación de “Stéfano”, mañana a las 22, en Ámbito Histrión. La obra es una de las fundadoras del grotesco criollo.

La puesta se estrenó en Rosario en mayo de 2008 y llega a la ciudad en el marco de su cuarta gira nacional.          

Neuquén > Una nueva función del Circuito Nacional de Teatro se subirá al escenario de Ámbito Histrión (Chubut 240) mañana, a las 22. “Stéfano”, el gran clásico del teatro nacional escrito por  Armando Discépolo, llegará a la sala neuquina en una versión aggiornada, adaptada y dirigida por Miguel Ángel Palma. La puesta recoge la esencia tradicional que alberga el texto y revitaliza las palabras de su autor, hablando en un presente cercano y reconocible. Las entradas pueden adquirirse en la boletería de la sala antes de la función.
“Estamos trabajando con la obra desde hace tiempo, la idea fue sacarla un poco del contexto histórico que tenía cuando fue estrenada en 1929 y aproximarla a un relato más contemporáneo”, explicó Palma, que dirige en la puesta al elenco de la Cooperativa de Actores de Rosario integrado por Carlos Abdo, Marcelo Díaz, María Angélica Gotri, Gabriel Romanelli y Nora Silva. La adaptación de la entrañable obra de Discépolo fue estrenada en Rosario en mayo de 2008 y su actual ronda de presentaciones corresponde a su cuarta gira nacional. Si bien la pieza conserva el espíritu de la inmigración presente en el texto original, pero el director le quitó los pasajes de diálogo en cocoliche, la jerga mezcla de español e italiano que hablaban los inmigrantes italianos que vivieron en Buenos Aires durante las primeras décadas del siglo XX.

Una historia que se reedita
La versión original de “Stéfano” se estrenó en 1928, cuando Hipólito Irigoyen comenzaba su segunda presidencia que sería  interrumpida dos años después por el golpe militar encabezado por Félix Uriburu. El personaje central es el músico napolitano, Stéfano, que llega a Argentina con el anhelo de lograr su ansiada estabilidad económica y alcanzar popularidad como compositor de óperas. A poco de su arribo al país se enamora y se casa con una argentina y formó su familia. Ya de mayor mira hacia atrás y ve como se le ha pasado la vida sin lograr ninguno de sus objetivos iniciales. Detrás de sus anhelos y deseos, el músico oculta sus frustraciones y postergaciones.
Más allá de que pieza fue escrita hace 80 años, su reflejo de la argentinidad a través de tres generaciones de habitantes, cobra una nítida vigencia como testimonio de las pasiones y desencuentros que atravesaron la historia del país. “La obra cobra, en términos más realistas, una vigencia impresionante. El texto aparece como más poético y profundo y eso la gente lo valora mucho”, destacó el director, “es lo que nos está pasando en todas las giras y particularmente en la Patagonia, donde tiene una recepción impresionante, que creemos que tiene que ver con que acá en tema de que la inmigración, aunque sea interna, es un factor importante”, agregó.

Simple y profunda
“Este es nuestro Stéfano, despojado y próximo; el que hemos encontrado... ojalá que encuentren en él, como nosotros, a Don Armando hablando de lo que mas le gustaba... el maravilloso e irrepetible universo de sus semejantes”, con estas palabras el elenco rosarino extiende una invitación al público para disfrutar de su particular abordaje del texto de Discépolo. Los actores trabajaron varios meses para elaborar personajes que fueran cercanos e inidentificables para los espectadores. “Nosotros trabajamos con una metodología de mucha aproximación entre el actor y el texto, sobre todo en términos de actuación. Es una interpretación muy realista, profunda y comprometida. La verdad es que el texto ayuda mucho para eso justamente porque es un texto muy profundo. Los personajes son muy sólidos, queribles y humanos”, señaló Palma.  
El diseño espacial de la puesta es muy cálido y despojado y fue pensado para generar un encuentro íntimo entre la escena y el público. Además, la escasez de elementos escénicos hace posible que la puesta pueda ser trasladada sin problemas en las giras. “Se ve en todos lados exactamente igual de cómo se estrenó en Rosario porque nosotros llevamos la escenográfica completa. Logramos hacerla con elementos muy livianos, portables, cosa que es muy importante en el movimiento escénico”, resaltó el director.

Un creador que dejó su huella

Neuquén > Armando Discépolo, fundador del “grotesco criollo” teatral, era el mayor de los cinco hijos de Enrique Santos. La casa de los Discépolo estuvo signada por la vocación artística de la familia, a tal punto que no sólo albergó a uno de los mayores dramaturgos argentinos, como fue Armando, sino que también fue cuna del inolvidable letrista de tango: Enrique Santos, “Discepolín”.
Discépolo supo mostrar las miserias de un orden social muy despiadado e injusto a través de la pintura de la vida cotidiana de humildes, fracasados e inmigrantes, creando el “grotesco criollo”, primera y más auténtica expresión del teatro nacional. Desde sus primeros años, Armando manifestó su pasión por la dramaturgia, oficio al que se dedicó de lleno luego de la muerte de su padre. Su talento incomparable para la palabra fue pronto valorada por Pablo Podestá, el actor más importante del momento, que accedió a interpretar su primera obra teatral: “Entre el hierro”. El éxito fue inmediato y, desde entonces, Discépolo escribió a razón de una o dos piezas por año, entre las que se destacan “La torcaza”, “El novio de mamá”, “La espada de Damocles”, “El movimiento continuo” y, ya dentro del grotesco criollo, “Mustafá”, “Giácomo”, “Muñeca”, “Babilonia”, “El organito”, “Stéfano”, “Cremona” y “Relojero”. Todas las obras están atravesadas por atmósferas depresivas y la exaltación de las contradicciones de sus protagonistas, que -tras una máscara de absurda comicidad- sobrellevan un profundo dolor. Discépolo falleció a los 83 años, el 8 de enero de 1971.

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