En paralelo, los vecinos sumaron a sus casas rejas, alarma, concertinas y paredones que no bastan para frenar a los delincuentes.
El último hecho fue la mañana del miércoles, cuando un par de ladrones sortearon un paredón y las rejas de una casa, violentaron la puerta y ataron con alambre a la empleada y a un chico de 12 años. Bajo amenaza de muerte, se alzaron con 120 mil pesos mientras el dueño de casa, un prestigioso neurocirujano, se encontraba salvando una vida en el quirófano. ¡Vaya contraste!
Oficialmente, la Policía hace silencio. Bajo reserva, aseguran que "es necesario que el destacamento del Santa Genoveva se convierta en Comisaría para tener mayor cantidad de móviles, efectivos y cercanía con el vecino", se sinceró un alto jefe. Por su parte, el jefe de los fiscales, José Gerez, vinculó los últimos robos al negocio narco: "Antes esperaban que uno se fuera de la casa, ahora esperan que uno esté para conseguir el dinero, que después usan para financiar la organización criminal y obtener droga". En este violento escenario, rezar o matar parece ser el dilema que tienen que resolver los vecinos.