La irresponsabilidad de una empresa al extraer material árido y debilitar las defensas ribereñas que tiene el barrio Rincón de Emilio desnudó la desprotección real que tienen algunos sectores de la ciudad que viven pendientes de los caprichos de la naturaleza y la climatología.
El tema será investigado y debatido entre autoridades municipales y provinciales, pero aunque se hagan los arreglos necesarios y se reparen los muros de contención, el riesgo de vivir en una zona tan baja y cercana al indomable neuquino seguirá existiendo hasta que se construya de una vez por todas la represa Chihuido I.
Tanto Rincón de Emilio como Rincón Club de Campo no deberían haber existido si los desarrolladores hubiesen seguido la planificación que proponía la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC). Pero ambos sectores crecieron durante los últimos 30 años y ya no se puede hacer nada más que construir defensas con piedras y tierra, aunque los técnicos saben perfectamente que frente a una inusual crecida del Neuquén, como ocurrió en 2006, no habrá más que lamentarse frente al desastre.
Los expertos recordaron que en la actualidad los dos embalses artificiales que sirven para atenuar el caudal del río (Los Barreales y Mari Menuco) están hoy en su cota máxima, pese a la persistente sequía. Pero advirtieron que el clima está más impredecible que nunca y que un fenómeno similar al que ocurrió hace 9 años puede repetirse mañana mismo.
¿Qué hacer entonces? Por ahora, arreglar las defensas de manera urgente, controlar que nadie vuelva a romper nada y rezar, todos los días un poco, hasta que finalmente se construya Chihuido.