El PJ en la provincia se encamina a hacer la jugada más conservadora de la historia. Hay mucho ruido pero pocas nueces. La idea que asoma es ir divididos en una elección provincial, maniobra que sólo beneficia la polarización entre los actores más fuertes, como el MPN y Cambiemos. Mientras a nivel nacional Cristina Fernández, con sus causas judiciales a cuestas, el poder hegemónico encima y la amenaza de ser la Lula de Argentina, sigue en pie y creciendo en las encuestas, en Neuquén el proceso de unidad de ese sector va en sentido inverso. El problema es siempre el mismo: Ramón Rioseco, a quien se han encargado de demonizar, con largas historias malvadas a militantes de unidad básica y consumo obligatorio de noticias falsas, como si se tratara de un libro de Durán Barba en su versión para peronistas. La persona mejor posicionada (en visibilidad, medios, discurso y carisma) es el diputado nacional Darío Martínez, que le esquiva al sabroso plato de hacer una buena elección, con la excusa de guardar su capital político para, acaso, otra elección legislativa. Aunque todo puede cambiar. Su compañero, Javier Bertoldi, duda si se baja o no de una candidatura que persiste en las redes sociales. Se habla de que vuelve a Centenario a “poner orden” a un intendente que salió del mismo riñón de pueblo conservador y campechano. Un intendente que puso el mismo, casi a imagen y semejanza, un “outsider” que no venía de la política como una historia repetida. A esta escena le falta la candidatura de Hubo Panessi, impulsada por el parrillismo. Un sector que está pidiendo internas abiertas para gobernador e intendentes en un peronismo que, por ahora, no sale de escenarios que no tienen una forma concreta.
La interna con Rioseco, las amenazas de Bertoldi de bajarse y la candidatura de Panessi son un combo explosivo.