Ahora imaginen la situación: cuando alguien llega con su auto al lavadero, Adrián, el patrón, sale a saludar con sus mascotas a un lado. A la izquierda va Charly con paso incierto; a la derecha, Lola, desafiante. A ninguno de ellos les importa al parecer la ordenanza que excluye al chancho de la tenencia de animales domésticos, pero Adrián sabe que tarde o temprano deberá ceder ante la ley. Digamos, cuando Charly alcance los 300 kilos o el Municipio lo intime.
Será la hora de la verdad: ¿Cómo pretenden que él, que lo crió de chanchito, clave en su cuello un cuchillo porque la ley lo ordenó? ¿Y el amor, qué? ¿Cómo ver a los tiernos ojos de Charly y decirle “no va más”? ¿Cómo explicarle a Lola que ya no tendrá a quien cuidar? La verdad, es tan serio el caso que bien podría ameritar una movilización popular para salvar su vida exigiendo una simple excepción legal.
Marchemos al Monumento.
Salvemos al chancho Charly, Pechi.