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Salvemos a los clubes de barrio

Tuve que elegir entre vivir o morir”, admitió alguna vez a corazón abierto Daniel Jaule, un entrenador de básquet de mucho prestigio y predicamento en la región. Se refería a las graves consecuencias de aquel sangriento accidente de 1995 en el que perdió la movilidad. Con entereza y admirable temple, el DT siguió adelante y hasta el día de hoy entrena a sus equipos desde una silla de ruedas. Quizás allí adquirió una sensibilidad inusual. Tal vez entonces comprendió lo que es luchar contra la peor adversidad. Todo ello se refleja en una más reciente declaración suya, tan resonante como la que abrió este texto. ¿Qué dijo? “Tengo miedo de que los clubes de barrio desaparezcan por esta crisis del coronavirus, hay que ayudarlos de la forma que sea, es donde te criaste y allí está tu esencia”, señaló, a modo de ruego, para generar conciencia.

El drama de las entidades modestas que cumplen un valioso rol social y corren serios riesgos de desaparición.

Pero, claro, con voluntades individuales no alcanzará para salvar a esas entidades, que hoy carecen de los escasos recursos de que disponían antes de la pandemia. Son la pata más vulnerable del deporte regional y más que nunca hay que tenderles una mano. Desde el gobierno pero también desde la sociedad. No solo por la faz deportiva sino por su importante rol social. ¿Qué será de esos chicos que se habían alejado de los peligros y las malas juntas gracias al club de la cuadra? ¿Volverán a la calle? ¿Y esos niños que se habían entusiasmado con el deporte y encariñado con el/la profe tanto como con la seño del jardín y a los que sus papis no podrían pagarle una cuota social en una institución más grande? Preocupa realmente la situación. Si Boca o River hablan de crisis, qué queda para estas humildes instituciones. ¡Salvémoslas entre todos, que no mueran!