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Sampaoli se condujo mal

Fabricio Abatte
Incómodo y tenso. Sufriendo cada consulta sobre los dudosos fundamentos de su determinación. Intranquilo, consciente de que su resolución era polémica, discutible y políticamente incorrecta. Jorge Sampaoli no pudo disimular en conferencia de prensa el estrés que le provocó la decisión más difícil que debió adoptar como entrenador de la selección de Chile. Sus justificativos lejos estuvieron de convencer, y encima en el medio tuvo que soportar los agravios de una agrupación de víctimas de accidentes de tránsitos que le recriminaron su controvertido “perdón” a Arturo Vidal.  Enseguida se abrió el debate sobre qué era lo que correspondía. Moralmente, no caben dudas. El volante de la Juventus transgredió las normas, chocó en estado de ebriedad y pudo haber causado una tragedia. Por muchos menos, el también entrenador argentino Claudio Borghi separó en 2011 a cinco figuras de La Roja, incluido el propio Vidal por llegar 45 minutos tarde y alcoholizados a la concentración. Ello luego le costó el puesto al Bichi, ya que indultó a algunos que al regresar lo boicotearon.
El DT debe poner límites, puede ser más o menos flexible, pero hay leyes y valores que respetar. Por más que trató de negarlo, queda claro que Sampaoli priorizó el aspecto deportivo, actuó por conveniencia, ya que Vidal es la gran estrella del fútbol trasandino y su exclusión hubiera atentado contra las chances de la selección que conduce de hacer historia en el certamen del que es anfitrión. La prensa chilena, en un ejemplo a imitar, cuestionó duramente su postura y la Asociación de fútbol local también era partidaria de marginar al futbolista. Sampaoli no se quitó “la pelota de la cabeza” para reflexionar en torno a la gravedad del hecho. Se condujo mal.