Santiago Polito Belmonte ejerció la tarea de prosecretario de coordinación. Al recordar el aniversario número 15 de la sanción del documento, estas fueron sus palabras.
“El miércoles 31 de marzo de este año 2010 se cumplieron 15 años de la sesión de clausura de la Convención Constituyente que sancionó la actual Carta Orgánica del Municipio de la ciudad de Neuquén.
Fueron 120 días de intercambio de opiniones, no exentos de polémicas discusiones, sin que faltara en ellas algún circunstancial exabrupto, amistosamente superado de inmediato. Y decimos amistosamente, habida cuenta de que la tónica general de esos cuatro meses de estudio, configuró una convención que hoy recordamos gratamente, durante la cual, veinticinco convencionales, vecinos que en muchos casos al inicio de las deliberaciones apenas si se conocían, pertenecientes a cuatro agrupaciones políticas: nueve del MPN; seis de la UCR; seis del Frente Grande y cuatro del PJ. Más allá de las lógicas discrepancias en algunos detalles, actuaron como veinticinco amigos unidos en el declarado propósito de elaborar un cuerpo legal básico, que tuviera en cuenta las ilusiones y las esperanzas de los habitantes de la ciudad de Neuquén no sólo en esos momentos sino en los siguientes años.
En este punto no podemos menos que recordar la afirmación que formuló Aristóteles luego de analizar las constituciones de las Polis griegas, concluyendo en que la circunstancia de que Atenas fuera Atenas, Corinto fuera Corinto y Tebas fuera Tebas, no radicaba en las diferencias textuales de sus respectivas constituciones, sino en el hecho de que quienes las habían elaborado habían tenido muy en cuenta en cada Polis, que la inmensa mayoría de sus habitantes, sin necesidad de ponerse previamente de acuerdo, coincidían en que había cosas que eran justas mientras que otras eran injustas; que algunas actitudes eran agradables y otras en cambio eran inaceptables; vale decir que conforme al ethos, (la costumbre ciudadana) de cada Polis, algunas serían bien vistas y otras eran inadmisibles para la convivencia armónica.
Muchos de los veinticinco convencionales elegidos en 1994, no habíamos tenido trato personal previo a la convención, pero desde hace quince años, seguimos cultivando la amistad que anudamos en sus sesiones, durante las cuales intercambiamos ideas y propuestas, no sin arduas y prolongadas polémicas, afectos que hoy se patentizan en la alegría que trasuntamos cada vez que en nuestra vida diaria nos encontramos circunstancialmente.
No es casual entonces que más del noventa por ciento (95%) de los artículos finalmente sancionados para la Carta Orgánica hayan sido aprobados por unanimidad, lo cual pone de manifiesto que, más allá de las comprensibles diferencias partidarias, todos nos sentíamos representantes no sólo de los miles de compañeros y/o correligionarios que nos habían votado, sino de todos los habitantes de Neuquén, pasados, presentes y futuros.
Consecuentemente, resulta evidente que, incluso el mínimo porcentaje de las pocas normas que registraron sendos proyectos por mayoría y por minoría, todas fueron pensadas y elegidas con visión de futuro y hoy a quince años de distancia continúan vigentes, aun cuando, a la fecha, tal como suele acontecer con todas las realizaciones humanas, haya algún enfoque perfectible, digno de ser revisado y corregido oportunamente según convenga a la cambiante realidad del momento.
Muchos de aquellos veinticinco convencionales continuaron militando políticamente y varios de ellos siguen en carrera. Lo deseable hubiera sido poder recordarlos puntualmente a cada uno, con sus intervenciones más destacadas conforme a su personalidad, incluidas las décimas que alguien les dedicó en su momento, pero ese propósito excedería los límites de estas simples líneas recordatorias.
Más relevante nos parece el poner de manifiesto que durante los cuatro meses de sesiones, la tónica imperante fue la solidaridad demostrada para compartir los conocimientos especializados, ya que de continuo, respecto a muchos y variados temas, los asesores y especialistas que actuaban en cada uno de los bloques partidarios, estuvieron permanentemente dispuestos a compartir sus conocimientos especializados para ilustrar a todos los convencionales en su conjunto.
La imposibilidad de mencionar puntualmente a todos los que se destacaron en el desarrollo de las deliberaciones, cada cual con su carga intelectual, ideológica y emotiva, no es óbice para que recordemos con elogio a todos los empleados contratados para las distintas tareas propias de esa convención, por el cumplimiento cabal y en término con el que se desempeñaron facilitando al trabajo de convencionales y asesores. Todo se deslizó como sobre rieles y sin demoras molestas, merced también a la relevante tarea de la Presidencia, ejercida por el ingeniero Rodolfo Laffitte, con amplitud de conocimientos, certera celeridad y ecuanimidad hacia todos los miembros de cada bloque partidario.
En suma, como venimos diciendo, una convención memorable por muchos aspectos, digna de ser recordada como ejemplo por el respeto evidenciado hacia todas las opiniones expresadas en su transcurso las que, sin lugar a dudas, registraron siempre la búsqueda del bien común hacia las generaciones que, desde entonces, dan vida a esta maravillosa y especial ciudad de Neuquén”.