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Sapere homenajeó a sus víctimas de la dictadura

Colocaron una baldosa en memoria de cuatro vecinos desaparecidos.

Por Pablo Montanaro

NEUQUÉN - “Lucharon por una sociedad más justa y con esa ideología humanista respiraban dignidad”, dijo Marcelino Lucumán, presidente de la comisión vecinal de Sapere, en relación con Javier Seminario, Orlando Cancio, Juan Raúl Pichulman y José Francisco Pichulman, quienes vivían en el barrio cuando fueron secuestrados por la dictadura militar y aún permanecen desaparecidos.

Desde ayer, y a 42 años del inicio de la dictadura militar, una baldosa emplazada en Alderete y Pitrol luce sus nombres como símbolo del recuerdo de su compromiso por una sociedad más justa. La iniciativa del concejal Marcelo Zúñiga convocó a familiares, vecinos del barrio y representantes de organizaciones sociales y de derechos humanos.

“Desde la desaparición de mi padre he vivido momentos de orgullo, de tristeza, de dolor y de bronca por no haberlo podido tener todos estos años conmigo”, explicó Raúl Cancio, hijo de Orlando Cancio, secuestrado de su casa en la calle Picunches cuando tenía 23 años durante la última dictadura militar. Cancio permaneció en la U9 hasta agosto de 1976 y junto a Seminario -estudiante de la Facultad de Ingeniería- fue trasladado al centro clandestino de detención La Escuelita, donde fue torturado. Posteriormente, fueron conducidos a la U6 de Rawson hasta el 3 de noviembre de ese año, cuando el jefe del Comando de la Sexta Brigada, Luis Farías Barrera, los trasladó con destino al V Cuerpo de Ejército de Bahía Blanca y desde entonces están desaparecidos.

Tanto Raúl como Carlos Pichulman, hijo de Juan Raúl, tenían poco más de un año cuando sus padres fueron secuestrados. “Fue una situación traumática; por suerte tuve contención de mi madre y de mi abuela”, dijo Carlos al recordar el día en que fuerzas represivas se llevaron a su padre, delante de él, de una casa de la localidad rionegrina de J.J. Gómez, donde habían decidido refugiarse. Por eso se mostró contento por el reconocimiento a la lucha de su padre.

También se recordó a José Francisco Pichulman, secuestrado en agosto de 1976 de su casa de calle Alderete. Se estima que el joven, que pertenecía a un grupo católico que hacía trabajo social en el barrio, fue llevado a La Escuelita.

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