Fue un juego de gestos, de esos en que se apuesta voluntad política a cambio de promesas… Y se acepta la necesidad de esperar que el futuro se haga presente.
Parece un verdadero embrollo de palabras, pero no. La política tiene mucho de eso. Desde aquel día en que Winston Churchill levantó los dedos en “V”, al fin de la Segunda Guerra, para celebrar la victoria sobre el nazismo y el comienzo de un tiempo de paz, la gestualidad política se precipitó hacia un terreno en que un ademán vale tanto o más que los hechos en sí mismos. Y el peronismo se encargó aquí de incorporarlo para siempre. Por eso, no hay dudas de que el encuentro de ayer fue la materialización del guiño mutuo que venían esbozando Daniel Scioli y los gobernadores petroleros, en este tiempo de campaña.
En el primer piso del espacio DUAM, a metros del aeropuerto, Jorge Sapag no podía disimular una de esas muecas que esconden satisfacción. La reunión había sido una especie de trámite y a la salida, las sonrisas y palmadas de la mayoría lograron disimular cierta incomodidad de Miguel Galuccio. Esta vez ni el viento logró impedir que todos viajaran para estampar su firma y decir presente, como en un acto militante, en la foto que simboliza un claro acuerdo político.
Es que el gobernador de Neuquén tuvo un rol fundamental para que Scioli sellara su compromiso y diera un colchón de previsibilidad para el corazón de estas economías regionales. A cambio, la fórmula del FpV se dejó una obligación: recibir apoyo territorial en cada provincia.
La partida no disimula la apuesta de unos ni de otros. Las cartas ya están sobre la mesa: queda la palabra empeñada, la foto, el compromiso. Pero los resultados se empezarán a ver el día de las elecciones. Y después, claro. Mientras tanto, sólo se trata de un juego de voluntades.