“Se está perdiendo tiempo en aplicar la ley de protección a las mujeres”

Perla Prigoshin, principal impulsora de la norma, recorre el país promoviendo su cumplimiento. Indicó que Neuquén “está esforzándose, aunque no sé si en las direcciones adecuadas”.

Por ANA LAURA CALDUCCI

Neuquén > A poco tiempo de dejar la adolescencia, Perla Prigoshin sufrió la violencia de género en carne propia. Quiso terminar con un prematuro matrimonio iniciado a los 16 años y su marido ejerció la violación para retenerla, lo que la llevó a interrumpir un embarazo forzado. Como a muchas, esa agresión le cambió la vida. Como a pocas, la llevó a encabezar la redacción de una ley nacional contra el maltrato a las mujeres y a una incansable campaña por todo el país promoviendo un cambio de paradigma, tarea que lleva adelante desde su rol de titular de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (Consavig).
Afirma e insiste en que, para terminar con los femicidios y la agresión física, hay que comenzar por cambios mucho más inmediatos y aparentemente inocuos, vinculados a la violencia simbólica, esa que está presente en los chistes y cada pequeño detalle de la vida cotidiana tanto de los hombres como de las mujeres.
Perla visitó Neuquén días atrás para “resetear los sentidos” -como ella misma describe- de los diputados del Parlamento Patagónico. Como tantas otras veces, aprovechó la ocasión para avanzar en la aplicación de la ley nacional: firmó un convenio con Río Negro para crear equipos de “operadoras de las primeras horas”, que acompañen a la mujer apenas se acerca a un hospital y a una comisaría como consecuencia de un ataque. Además, se reunió con la vicegobernadora neuquina Ana Pechen, con quien acordó trabajar en un plan de actuación local.
 
¿Por qué esta recorrida promoviendo la Ley 26.485, de protección integral para las mujeres?
Porque hay que terminar con las confusiones y los temas de salud son una atribución de las provincias. Por eso me da tanta bronca que hayamos estado más de 10 años pensando esta ley y la forma de lograr que todas las mujeres del país estuvieran cubiertas y, miren qué picardía, todas las provincias perdieran un año y medio más para ver si adherían o no. No creo que fuera por ignorancia. El tema es que no hacía falta ninguna adhesión o, en todo caso, sólo tenían que definir la adhesión al procedimiento. Simplemente se está perdiendo tiempo en empezar a aplicar una ley que ya está vigente. Por eso hay que difundir bien este tema, para que las mujeres no se la dejen arrebatar. Esta ley cambia el paradigma al contemplar distintos tipos y modalidades de violencia.
Y también tenemos que dejar de hablar de “ley de violencia”. Es una ley de protección.
 
¿Cómo ve las leyes y las iniciativas de Neuquén?
Creo que Neuquén está esforzándose, aunque no sé si en las direcciones adecuadas. Hay voluntad y decisión de que las cosas marchen, pero quizás no se han elegido los mejores caminos. Por eso, en un almuerzo de trabajo que tuve con la vicegobernadora Pechen, con la que conversamos mucho, me comprometí a hacerle llegar un plan.
 
Al decir que no son los mejores caminos ¿a qué se refiere?
A que falta o es imperioso que exista en todas las provincias, y Neuquén no es la excepción, un circuito que evite que las mujeres anden peloteando para un lado y para otro, revictimizándolas. Es decir que si una mujer llega a un hospital golpeada, existan centros o unidades de atención y que el hospital tenga un protocolo que diga que llamen a mujeres que están preparadas para atenderla. Y así va a venir una que se va a parar al lado de la víctima, mientras el médico la revisa, porque las mujeres están muy vulnerables en esos momentos. Y también, si llega hasta la Policía, que tengan que llamar a esa especie de guardia.
Yo las denomino “las operadoras de las primeras horas”. Porque en esas primeras horas está el nudo entre si las víctimas van a sostener la denuncia y empiezan un camino de independencia y emponderamiento, o si confirman que la sociedad las revictimiza y lo único que les queda es que las sigan violentando y volver con el agresor.
 
¿Y existe actualmente en algún lugar del país este equipo de las primeras horas?
Bueno, se firmó el plan el miércoles en Cipolletti, así que empezará en Río Negro. Ya han formado un grupo. Van a hacer base en tres ciudades fuertes poblacionalmente, que son Viedma, Bariloche y General Roca.
 
Acá hace poco se creó una fiscalía especializada en cuestiones de género. ¿Cómo ve esa medida?
La senadora Nanci Parrilli está muy inquieta por lograr que la comisión que yo coordino capacite a los integrantes de esa fiscalía. Ya les pedí que me cuenten un poco específicamente qué necesitan. En definitiva, me parece muy importante que exista una fiscalía especializada, muy importante. Porque la empatía con la mujer vulnerada es el primer paso para hacer un buen abordaje.
 
Han surgido en el último tiempo, en el país y también a nivel local, asociaciones o sectores que piden tener en cuenta también la violencia contra los hombres. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Que eso no es así. Puede ser violencia familiar o violencia en el ámbito laboral, pero no es violencia de género por lo que implica el mismo concepto. En números, la violencia contra los hombres representa un 3,5% del total y la dirigida a las mujeres llega al 85%. De todos modos, acuerdo en prestarle atención a los hombres porque ellos también son víctimas del sistema patriarcal y porque, en la medida que ellos no modifiquen el modelo de masculinidad que tienen, van a seguir siendo agresores de las mujeres. Y no hace falta que lo sean con un femicidio, alcanza con el chiste, el ninguneo, el lenguaje sexista, hablando de “brujas” o mandando a una mujer a hacer la ensalada.
 
¿Le parece que ambas cosas están vinculadas?
Sí. Muchos dicen que, cuando hablo de los términos discriminatorios, me preocupo por pavadas. Pero, hasta hace poco, ocurría un femicidio y los medios decían que el hombre mató por celos, por pasión y no nos nombraban. Aún cuando nos mataban, no nombraban a las mujeres. 
Además, ese es el eje de la ley: los tipos y modalidades de violencia. De lo único que se habla es de la violencia física; pero las mujeres, además de físico, tenemos una psique, un patrimonio, un mundo interno o de las representaciones y un sexo. Al vulnerar cualquiera de esas áreas, hay violencia.
Y más aún, la violencia simbólica es la madre de todas las violencias. Con la publicidad, los medios y hasta los libros escolares, se consolida la agresión a las mujeres. No sólo te mandan a limpiar inodoros y a ser siempre bella, sino a competir en todas esas cosas con las demás. Te cronifican en ciertas funciones. Y, en la medida en que una sociedad naturaliza la violencia simbólica, habilita que se llegue hasta el femicidio. Pero, lamentablemente, la violencia simbólica es la más difícil de entender.
 
¿Cómo imagina la situación cuando la ley esté a pleno, cuando se haya logrado ese cambio de paradigma?
Yo soy bastante soñadora. Además, me pesa el hecho de que entré de lleno en este tema porque tuve que hacerme un aborto producto de una violación. En ese momento cambié mi carrera de doctorado en física y matemática por abogacía, pensando en salvar a otras mujeres, para que no les pasara lo mismo.
Entiendo que el ser humano es esencialmente agresivo y la no violencia es algo que se construye, con lo cual esto va a ser una tarea por siempre. No es que un día digamos: “cerremos el boliche, ya logramos una cultura por la no violencia”. Pero sí imagino a un pibe entrando a una juguetería y pudiendo elegir una cocinita o un muñeco bebé. O a las chicas pudiendo decir un piropo en la calle o que, si se lo dicen a ellas, ya no importe.
Quiero que no les pase como a mí, que estoy formateada en mi disco rígido con el mandato de ser bonita y vivo sin disfrutar muchas cosas. Porque nos dicen que una es brillante, que hace cosas importantes y no podemos evitar preguntar: ¿Pero, me veo bien? ¿No estoy gorda? En definitiva, creo que la vida puede ser de otra calidad.
 
Como para graficar la distancia que aún queda por recorrer, Perla eligió que la última parte de su respuesta sea el estribillo de una canción de Cacho Castaña, que suele usar como ejemplo de violencia simbólica en sus conferencias. Aclaró que se trata de uno de tantos temas musicales que refuerzan el maltrato hacia la mujer, aunque en este caso la letra no deja lugar a dudas: “Dicen que yo soy violento, pero no te olvides que yo no soy lento; dicen que soy celoso, pero no te olvides que yo fui tramposo. Si te agarro con otro, te mato; te doy una paliza y después me escapo”.

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