"Se jugó para ganar”, dijo Jorge Sampaoli tras la victoria 1 a 0 ante Brasil en su primer partido como DT de la Selección.
Y es el triunfo lo más importante que dejó su presentación. Argentina llevaba cinco partidos, en los últimos cinco años, sin superar a su clásico rival. Y a Brasil hay que ganarle siempre. Poco se puede decir del juego. La presión alta, el intento de tener la pelota, algunas variantes tácticas (los tres defensores y el cuadrado creativo en el centro del campo) y no mucho más.
Lo que sí dejó el debut de Sampaoli es una renovación de la ilusión en un equipo que viene en baja desde que perdió la Copa América de 2015 en Chile. La llegada del DT parece incentivar a jugadores e hinchas. Su estilo, sus formas y el triunfo con Brasil respaldan el sueño.
Pero, sobre todo, que Sampaoli hable de fútbol y no de quimeras en el futuro, que se centre en el juego y no en las opiniones de la prensa, y que deje la pasión en la tribuna dan espacio para volver a creer en una Selección que cada vez estaba más lejos de la gente y del Mundial.
Falta para ver cuál es la idea del entrenador y falta aún más para saber si tantos cambios dieron sus frutos, pero empezar con un triunfo frente a Brasil es un primer paso que invita a la ilusión.
El martes se verá un equipo diferente, sin Messi, y ante un rival menor como Singapur, pero que servirá para seguir consolidando la idea del DT.
Luego sí (a fines de agosto y principios de septiembre) será el momento de dar la cara: Uruguay y Venezuela, por Eliminatorias, son los partidos en los que Argentina debe mostrar algo para encaminar su clasificación al Mundial y dejar de lado el miedo al fracaso.
La llegada de Sampaoli incentiva a jugadores e hinchas. Su estilo y sus formas respaldan el sueño.