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¿Se viene un Pechi más lírico?

Pablo Truffa
La campaña de Quiroga de cara al 4 de octubre ya está en marcha. Si bien él en su interior sabía que sería candidato la misma noche en que perdió la elección provincial -por más que nadie lo diga-, recién se animó a hacerlo público hace muy poco; y desde la semana pasada su único objetivo es conservarse en la intendencia por otros cuatro años. Atrás quedaron los pésimos resultados de abril, la posterior búsqueda del clamor popular y la histeria por confirmar lo que todos imaginaban. Hoy su horizonte es una realidad y, bien a su estilo, se calzó los cortos, la cinta de capitán y saltó a la cancha. Sólo resta esperar algunos días, unos pocos, para ver con qué tipo de jugador nos encontramos en esta nueva etapa, luego de unos meses de inactividad. ¿Seguirá siendo ese cinco mordedor que pega sin control y busca sacar al rival con armas bilardistas, o se parará como un doble cinco para evitar el roce y distribuir a un toque? Él mejor que nadie sabe que los años pesan y que debe cambiar la última imagen, sobre todo la que mostró en la campaña a gobernador, que le generó varios dolores de cabeza.     
    Sus primeros movimientos en cancha fueron una señal. Es que en pocos minutos, rápido de reflejos, anunció la inauguración de gran parte del ensanchamiento de Doctor Ramón/Leloir para días antes de las elecciones -no por casualidad- y le hizo un guiño a Mariano Mansilla para sumarlo a su partido. Pero también, más por conveniencia que por convicción, dio en menos de una semana dos claros indicios de cambio. Se puso, por primera vez, al frente de una conciliación con Indalo y resignó un aumento del estacionamiento medido que, por decreto, él mismo había otorgado. Y en ambas decisiones influyó, sin dudas, lo electoral. Por eso me animo a decir que, al menos hasta octubre, veremos a un jugador más vistoso que aguerrido. Aunque no menos tribunero.