Seis tendencias espumosas y sus recomendados

En materia de burbujas, las cosas están cambiando en Argentina. Qué hay que saber para beber mejor y cuáles comprar de cara a fin de año.

Por Joaquín Hidalgo

Los argentinos nos bebemos al año unas 57 millones de botella de espumoso. Lo que implica poco más de una botella por persona o, lo que es más real, dos por cada argentino mayor de 18 años. Ese número es interesante. Primero porque supone un crecimiento en los últimos diez años. Además, porque ese crecimiento se hizo con base a nuevas propuestas gustativas, una dinámica que sigue en pie. Este año, de hecho, marcó el pico de máxima para algunas tendencias. Y a ellas nos referimos a continuación.

Más frescos. Los viñedos de altura, que en Mendoza llegan a 1600 metros, dieron el puntapié inicial y de allí provienen algunos de los más nuevos y excitantes espumosos: Chandon Brut Nature ($155), relanzado este año y de un perfil deliciosamente tirante, Salentein Cuvée Spéciale Extra Brut ($125) y X Extra Brut ($125).

Más viejos. Otra de las tendencias interesantes es que, con mejores uvas se pueden hacer otros estilos más longevos. ¿La razón? Con mayor acidez, sabores herbales y bocas más secas, es dable estirar la crianza sobre borras por mayor tiempo. De esta forma el sabor de la burbuja gira hacia el pan brioche y tostado y la textura, hacia el tacto etéreo. Y así, hay ahora vinos de hasta 70 meses de crianza, como Rosell Boher Gran Cuvée ($1200), caro pero único en su gusto; Zuccardi Blanc de Blanc ($380) y Progenie I Brut Nature ($580), con 48 y 60 meses respectivamente. También gana terreno la crianza larga entre los espumosos desarrollados por el método de fermentación en tanque. Familia Schroeder Brut Nature ($455), de un delicado color salmón y no menos de un año en tanque, es un ejemplo cabal.

57 millones de botellas de espumosos se beben en nuestro país cada año.

Extra Brut reloaded. Los argentinos bebemos 7 de cada 10 botellas en esta categoría. Entre los que conviene probar, el flamante Novecento Extra Brut ($100) es una apuesta perfecta por su valor, seguido por Julia Extra Brut ($110). Trapiche Extra Brut ($100), El Esteco Extra Brut ($120) o Norton Cosecha Especial Extra Brut ($120) son buenas burbujas. Bianchi Extra Brut ($115), el champenoise más accesible, es otra inmejorable opción.

Más dulces. En contraposición, hay toda una nueva góndola de espumantes dulces que crece rápidamente: el 17% interanual. El secreto del paladar edulcorado es que amplía la base de bebedores, porque incluye a los que vienen de los frizantes, dejaron las sidras o a los que bebían gaseosas. El líder es Norton Cosecha Tardía ($92). Como ejemplo de los más accesibles hay que destacar Dilema ($55) y entre los más prestigiosos está Deseado ($150), que se cuenta de paso entre los primeros en desarrollar este segmento. En paralelo, toda una coctelería los aprovecha: tanto para spritz con Aperol como en tragos directos, del tipo rodaja de pepino, hielo y Chandon Délice ($137).

Más secos. En los últimos años, mientras que se atomizaba la oferta de burbujas, las bodegas locales comenzaron a apostar por el prestigio que da elaborar vinos secos. Mientras que el gran consumo se lanza a los espumosos dulces, los más secos son los que significan mayor logro desde el punto de vista de la calidad. Y esto es así porque el azúcar enmascara cualquier defecto. De esta forma, se consolidó una alta gama de vinos secos a muy secos: Zaha Calcaier Brut Nature ($280), Fin del Mundo Brut Nature ($275) y Saint Felicien Nature ($257).

Más rosados. Entre las tendencias más interesantes hay que destacar la que busca colores más delicados en materia de rosado. Así, se pueden conseguir espumosos de un salmón subido de tono hasta unos cobrizos casi etéreos. Entre los primeros, se destaca el muy sabroso Rosa de los Vientos ($230), entre los segundos, Vicentín Espumante Rosado de Malbec ($170). Colonia Las Liebres Bonarda Brut Nature ($219) es un rico y curioso espumoso.

Charmat vs. champenoise

Los espumosos son vinos blancos o rosados en su mayoría, refermentados en un proceso por el que ganan burbujas. Uno de esos métodos, el tradicional o champenoise, tiene lugar en la botella que le llega al consumidor. El otro, el charmat, en un tanque presurizado.

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