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“Si Fernando es absuelto, tienen que pagar 17 personas”

El cineasta Enrique Piñeyro, principal defensor de la inocencia de Fernando Carrera en la “masacre de Pompeya”, dice que el fallo que lo volvió a condenar es una vergüenza judicial.

Por PAULA BISTAGNINO

El 25 de enero de 2005 Fernando Ariel Carrera, un joven comerciante de 30 años, sin antecedentes penales, casado y con tres hijos, estaba detenido en su auto a pocos metros del Puente Alsina: esperaba la luz verde para cruzar desde Pompeya a Lanús. En ese instante, vio venir un auto hacia él a toda velocidad, sin identificación policial ni sirena, del que asomaba medio cuerpo de un hombre vestido de civil y con una pistola. Su reacción, ante el temor de que iba a ser asaltado, fue acelerar y doblar en dirección a Capital. El primer impacto le dio en la mandíbula y lo dejó inconsciente, pero el Peugeot 205 del comerciante recorrió otros 500 metros por la avenida Sáenz en los que atropelló y mató a tres personas –dos mujeres y un nene de 6 años mientras seguía recibiendo disparos–, hasta que se detuvo frente a la Iglesia de Pompeya contra una camioneta. Del auto que lo seguía, bajaron tres hombres y siguieron tirando contra Carrera. En total, fueron 18 disparos, de los cuales 8 impactaron  en su cuerpo. Los hombres que lo fusilaron eran policías federales de la Comisaría 34 que buscaban un auto blanco –única coincidencia con el de Carrera– que poco antes había cometido dos robos. El caso fue bautizado, ese mismo día, como “La masacre de Pompeya” y Carrera detenido y acusado de robo agravado y homicidio. Su mujer buscó ayuda en el Programa Nacional Anti-Impunidad del Ministerio de Justicia, quienes luego de probar que el hombre era inocente, asumieron su defensa. Así y todo, en 2007 Carrera fue condenado a 30 años de prisión por “robo y homicidio culposo” por el Tribunal Oral Criminal N°14 –que hoy está penalmente imputado–. Las irregularidades del caso fueron denunciadas por organismos de Derechos Humanos,  por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y por el cineasta y ex piloto Enrique Piñeyro. “Cuando me enteré del caso no pude más que comprometerme, porque yo no quiero vivir en un país con los dirigentes de LAPA sueltos, con (Julio) Grassi suelto, con (Amado) Boudou destituyendo funcionarios judiciales y con Carrera preso”. Así nació su documental “El rati horror show”, en el que denunció todas las complicidades de lo que “un caso más, uno muy grotesco, de gatillo fácil de la Policía Federal y de complicidad judicial-policial de este país”. La película sirvió para que en 2012 y luego de que el caso llegara a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Fernando Carrera fuera liberado después de pasar 7 años y medio preso. Pero la semana pasada, la Sala III de la Cámara Federal de Casación Penal lo volvió a condenar, esta vez a 15 años de prisión, luego de revisar la sentencia y llegar a la conclusión de que Carrera no disparó contra los policías de civil –hecho que había afirmado la sentencia anterior–, pero que aún así fue el responsable de “robo agravado y homicidio culposo”.  “Es el fallo de la vergüenza: dicen que fue un fusilamiento, pero condenan al fusilado. Es una cosa de locos. No sé cómo estos jueces vana a la casa y duermen”, dice Piñeyro, indignado por la nueva resolución de la Justicia, que esperan poder revocar con un recurso extraordinario primero y, si no se les concede, volver a la Corte Suprema.
 
¿Con qué argumentos Casación lo condena a 15 años?
No tuvieron en cuenta ningún testigo. Hay un testigo en la película que lo tuvo en cuenta la Corte, que es el que ve cuando inicia el incidente y claramente dice que la policía le tira apenas él arranca, con lo cual, la estupidez que dice el fallo –que él no pudo haber puesto primera y segunda después de recibir un tiro– es falsa. Y después poner otra tontería de que recibió un tiro en el labio. ¡y tiene la mandíbula fracturada! Y eso se ve inclusive en la película y si le mirás los dientes, ves que los tiene todos torcidos. Además presentamos un testigo que estaba parado en el semáforo y coincidió en que el auto venía a baja velocidad y altísimas revoluciones, que no tuvo intento de frenada ni maniobra evasiva, que iba como si no lo condujera nadie; lo cual habla a favor del estado de inconsciencia. Después, se le tomó declaración a otro testigo de un negocio de la zona, que dice que escuchó un auto que venía fuertísimo de revoluciones de motor. Le presentamos otro testigo que es un policía que escuchó al subcomisario decir: "¡Liquidalo negro! Ahora tenés que liquidarlo!" , y hay otro que dice que pusieron la sirena después, que se pusieron el chaleco después y que escucha que uno le dice a un señor grande que por la descripción es el comisario Villar, “Nos mandamos una cagada terrible”. Y lo agarran a Rubén Maugeri, el presidente de la Asociación de Amigos de la Comisaría 34, y le dicen “vos tenés que decir esto y esto”. Y él cumple y es cómplice toda la manipulación que se hizo de esto.
 
¿Qué pruebas hay para comprometer a Carrera en el robo?
No hay absolutamente nada que lo comprometa a Fernando con los robos por los que supuestamente la policía venía buscando a un auto blanco, que es lo único que tenía en común con los ladrones que estaban persiguiendo en el momento en el que se cruzan con el 205 de Carrera en el semáforo. Además, si lo absuelven de haber disparado a la policía, entonces ¿por qué la policía le tiró 18 tiros? También está probado que le plantaron el arma y por eso no hay dactiloscopia ni dermotest. Además, la víctima del robo dijo que no lo reconoce a Carrera como responsable del hecho. No hubo reconocimiento fotográfico positivo y hay testimonios de que en la Comisaría les mostraron una foto de Carrera a los testigos y les dijeron: “Recuerden esta cara”. Con todo eso, igual, se sostiene la acusación de robo.
 
Especulando, incluso si Carrera hubiera sido un ladrón, la demostración de que no disparó convierte el hecho en un caso de gatillo fácil y a la policía en la responsable del accidente.
Absolutamente. La policía disparó a un tipo conduciendo por una avenida y con eso, sea ladrón o no, provocó el desastre de tres muertes absurdas.
 
La jueza Ana María Figueroa dijo que su película es una ficción y que ella tiene la certeza de que fue Carrera el que robó.
Dijo eso pero le bajó la pena a la mitad por uno de los puntos centrales que sostiene la película y es que Carrera nunca disparó. Es un fallo absurdo, contrafáctico porque invierte la carga de la prueba: yo no tengo que probar su inocencia, el Estado tiene que probar su culpabilidad. Ellos fundan el robo en sofismas. Es decir: sobre una premisa verdadera que es que Carrera estaba ahí, pero después infieren que no tenía cita telefónica previa en el lugar al que estaba yendo, que el explicó que era una metalurgia y dio el nombre de quién iba a ver y por qué. Pero mirá a lo que llegan: por no tener cita telefónica es sospechoso. Y que él no podía pensar que le iban a robar porque venía de robar. Son cosas tan absurdas como esto. Son razonamientos que surgen de las catatumbas del coeficiente intelectual. Y este absurdo de la libreconvicción: ¿a mí qué me importa su certeza? ¡Lo que tiene que hacer es mostrar pruebas, no convencerse!
 
¿Es casual que el fallo haya salido al día siguiente de las elecciones?
No, es un fallo con una estrategia comunicacional clarísima. ¿Quién seriamente hablando expone una decisión de semejante peso en el día más tomado por la política del año? Ese fallo tenía que salir el 15 de junio y lo aguantaron. Además de que vulnera el derecho de defensa porque dan 10 días para contestar un fallo de 200 páginas. Y después hay otra burrada jurídica monumental, que es decir que llama poderosamente la atención, o sea índice de presunción de culpabilidad, que se haya negado a declarar. Están totalmente locos: negarse a declarar es una garantía constitucional fundamental para cualquier imputado de cualquier hecho. Es el testigo el que no puede negarse a declarar, pero jamás el imputado.
 
Si todo es un disparate, ¿cuál es la explicación a este fallo?
Es simple y lineal: si Carrera es absuelto van por lo menos 17 personas en cana: once policías y seis jueces ¡Por lo menos seis jueces! Porque de abajo para arriba, hay alguien que elevó esto a juicio, hay fiscales de instrucción de la descentralizada de Pompeya, un juez de instrucción, todo el Tribunal Oral Criminal 14, que ya está imputado, toda la primera Sala de Casación, esta Casación que deberá responder por la baja estofa jurídica de este fallo. Porque cuando se tergiversan hechos reales para llegar a sentencias condenatorias, se llama prevaricato y tiene penas importantes. Este un tema corporativo, de defensa entre ellos, de complicidad e impunidad policial judicial. Y también política: porque mientras los jueces sigan siendo elegidos a dedo por los políticos… Esta sentencia avala conductas de la dictadura y le da un cheque en blanco a la policía. Son las prácticas de la dictadura, igual de clandestinas e impunes, sin ajustarse al derecho y ocultadas por la misma red de complicidades.
 
¿Fue una sorpresa el fallo de estos jueces?
Nosotros ya lo esperábamos porque sabíamos que se venía. Este es el tribunal de la vergüenza, porque dos de ellos son jueces nombrados por la Presidenta en 2011, (Mariano) Borinsky y Figueroa fueron nombrados por la Presidenta en 2011 y son miembros de Justicia Legítima: son los que defienden la reforma judicial y la democratización de la Justicia. Si dos jueces nuevos firman esta sentencia irresponsable, de lo que se trata es de cambiar una mafia por otra. Y la jueza (Liliana) Catucci, la tercera integrante de la Sala, es de la vieja guardia y es la que en el caso de la golpiza de tres skinheads a un joven consideró que “judío no merecés vivir” no era discriminación sino un grito de guerra… Entonces, esto es lo que tenemos, y este es mi temor: si Fernando Carrera vuelve a la cárcel, todos nos quedamos sin garantías constitucionales.
 
¿Cómo está Fernando Carrera después de este fallo?
Él y su familia están en un programa de testigos protegidos y se mudaron porque en enero de este año le pusieron una bomba molotov en su casa y le dejaron varias amenazas escritas. Y ahora respaldan a los policías que lo fusilaron, entonces qué puede sentir él: la indignación que tenemos todos, el miedo de que le hagan algo a él y su familia, la posibilidad de volver a la cárcel. La realidad es que hoy podría volver.
 
A partir de su involucramiento en este caso, ¿recibió otras denuncias de abuso o armado de causas por parte de la Policía?
(Se ríe) Uffff, cuando se estrenó esta película mi teléfono empezó a reventar. Todo el tiempo estamos recibiendo a gente que nos acerca casos de todo lo que uno se pueda imaginar: desde casos muy resonantes hasta dos albañiles bolivianos que los engañan prometiéndoles una changa y los hacen subir a un auto lleno de droga, y así lo suman a la estadística de casos resueltos, gatillo fácil, torturas, detenciones ilegales... Por eso estamos trabajando para crear la filial argentina de la ONG Innocence Projet, que en Estados Unidos logró liberar a muchos inocentes, incluso condenados a cadena perpetua. Lo estamos armando, porque no se trata sólo de sacar inocentes de la cárcel, sino de crear legislación, porque en la Argentina hay unos agujeros tremendos.  Hasta hace una semana Fernando era nuestro primer inocente liberado. Ahora, estamos otra vez en fojas cero.