Icono emblemático de la lucha y resistencia, representación del abrazo de sus hijos desaparecidos, el pañuelo blanco fue anudado con fuerza por primera vez por las Madres de Plaza de Mayo la tarde del sábado 7 de octubre de 1977 en la tradicional peregrinación a la Basílica de Luján. Hoy, de nuevo, los pañuelos, ahora verdes, marcan una nueva lucha, una nueva forma de comprometerse por la vida, y se los puede ver en cada una de las movilizaciones por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.
Esos pañuelos hablan por sí solos. Los verdes hoy se los puede ver alrededor del cuello, en la cabeza, en la mano, en carteras, en mochilas escolares. Llevado también por los varones, en apoyo al reclamo. Incluso decenas de tuiteros se preguntaron el martes si Messi habría elegido el color verde de la cinta de capitán que lució en la victoria frente a Nigeria en San Petersburgo para expresar su apoyo al proyecto de legalización del aborto.
En Luján, aquellas mujeres, a las que tildaron de “locas”, entonaron la consigna “Aparición con vida”. Las mujeres de hoy despliegan su pañuelo en forma de triángulo con el lema “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.
Un color elegido como esperanza de una vida mejor para las mujeres. Porque en Argentina el aborto es la primera causa individual de muerte materna y porque se hacen entre 370.000 y 520.000 abortos por año en forma clandestina. Por eso mostrarlo, exhibirlo, es una especie de contraseña, la muestra de qué lado de la historia se quiere estar. En cada marcha, en cada acto, en cada mano o cuello, esa marea verde se potencia a la espera del tratamiento de la legalización del aborto en el Senado el próximo 8 de agosto.
Los pañuelos verdes se multiplican y marcan una nueva lucha, una nueva forma de compromiso por la vida.