Un juez porteño liberó ayer a 78 personas que habían sido detenidas por los destrozos del domingo a la noche en los alrededores del Obelisco. Miles de familias se habían acercado hasta allí para festejar el segundo puesto obtenido por la Selección en el Mundial de Brasil. Y un grupo, no tan pequeño pero claramente minoritario, se dedicó a romper y robar autos y negocios y a revolear piedras contra la Policía. El juez correccional Omar Fente los mandó ayer a todos a sus casas. Eso sí, dijo que serán investigados por lesiones leves y resistencia a la autoridad. La duda es inevitable: ¿tendrán algún castigo? Difícil saberlo. Hasta ahora, los únicos castigados fueron los dueños de los autos y los comercios atacados. O simplemente aquellos que tuvieron que salir huyendo como ladrones para no quedar en medio de los enfrentamientos. Suena injusto por todos lados.
Por eso, cuando Pechi Quiroga anunció que habría multas para los padres de los menores que se dedicaron a romper en el centro neuquino luego del triunfo ante Suiza, muchos se ilusionaron. Creyeron que la “bronca y la indignación” que el intendente decía compartir sería mitigada con algún tipo de castigo. Y ojo que nadie está pensando en la silla eléctrica o una pena de cadena perpetua. Pero tal vez sí en una multa o un trabajo comunitario que pudieran servir para reparar, en parte, los daños causados.
Ya pasaron dos semanas de la advertencia del intendente y no se supo nada ni de multas ni de sanciones. Y eso que Quiroga había anticipado que los autores de los destrozos habían sido identificados. No queda otra que seguir esperando. Ojalá la respuesta llegue antes del próximo Mundial.