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Sin ningún intermediario

ue los usuarios se queden sin transporte por un paro de colectivos o de maquinistas de trenes es lógico y esperable. Pero que sufran la falta del servicio por un paro de kiosqueros es un disparate. Y eso es lo que podría ocurrir hoy en la capital neuquina a raíz de la decisión de los comerciantes de no recargar la tarjeta SUBE como forma de reclamo de un porcentaje mayor al que les queda cada vez que una persona realiza la recarga.

La medida, que podría generar muchos inconvenientes si todos los socios de la cámara de kiosqueros adhieren, debería ser tenida en cuenta por las autoridades para buscar otra forma de mecanismos rápidos y sin intermediarios que termine de una vez por todas con el plus que muchas veces se cobran cada vez que los usuarios deben adicionarle dinero a su plástico.

Una medida que funciona a medias es el servicio que se da a través de internet o cajeros automáticos, debido a que si bien se puede hacer la recarga online, es necesario validar el traspaso del dinero a través de una terminal que tiene SUBE en algunos puntos de la ciudad. Las máquinas que sí funcionan son las que están en las dependencias municipales, pero no son tantas como para cubrir el amplio universo de usuarios.

Una solución sería que esas mismas terminales (en Córdoba funcionan) se instalaran en supermercados, bancos, grandes superficies comerciales o comisiones vecinales (además de las que ya hay en oficinas municipales) y que pudieran acreditar inmediatamente el pago que hacen los usuarios del servicio.

Es probable que se trate de una inversión importante, pero pondría fin a un problema complejo que hace que hoy el transporte neuquino funcione a pleno sólo por la buena voluntad que tienen algunos kiosqueros.

Hacen falta más terminales que recarguen las tarjetas SUBE de manera automática.