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Sinónimo de democracia

Se distinguió desde sus inicios por ser un "animal político", fuertemente involucrado con el pensamiento socialdemócrata y progresista, que llevó adelante sus ideas más allá de las circunstancias y la enfermedad.
Buenos Aires.- Raúl Ricardo Alfonsín será recordado como el presidente del retorno de la democracia en la Argentina y defensor de los derechos humanos.
Alfonsín, quien murió hoy a los 82 años, se distinguió desde sus inicios por ser un "animal político", fuertemente involucrado con el pensamiento socialdemócrata y progresista, que llevó adelante sus ideas más allá de las circunstancias y la enfermedad.
Nació el 12 de marzo de 1927 en Chascomús, unos cien kilómetros al sur de Buenos Aires, en el seno de una familia de inmigrantes españoles y alemanes.
Estudió Derecho y desde joven se afilió a la Unión Cívica Radical (UCR), partido por el que primero fue concejal vecinal, luego diputado y finalmente presidente de Argentina.
Estuvo casado con María Lorenza Barrenechea, con quien tuvo seis hijos.
Fue uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) apenas unos meses antes del golpe de Estado que instauró el 24 de marzo de 1976 una nueva dictadura militar en Argentina, y desde allí optó por reclamar el retorno de la democracia en vez de la lucha armada que siguieron otros dirigentes políticos.
"Con la democracia se come, se cura y se educa" fue uno de los lemas con los que en 1983 ganó como candidato presidencial de la UCR las primeras elecciones democráticas celebradas en los estertores de la dictadura militar. Se impuso por casi doce puntos de ventaja sobre el postulante del Partido Justicialista (PJ, peronista), Ítalo Luder.
Su asunción el 10 de diciembre de 1983 fue uno de los grandes hitos de la democracia argentina, aunque "la situación no era precisamente sencilla", recordó Alfonsín en una reciente entrevista a la agencia dpa.
Su bandera fue la política de derechos humanos. Creó la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP), que tras años de investigaciones publicó el estremecedor documento final "Nunca más".
El líder radical impulsó además en 1985 el histórico Juicio a las Juntas Militares que habían gobernado durante la dictadura. Pero la amenaza de las Fuerzas Armadas no había sido sosegada aún y una seguidilla de levantamientos militares lo forzaron a impulsar las polémicas leyes de obediencia debida y punto final, que limitaron el juzgamiento sólo a los jerarcas.
Muchos recuerdan aún su polémico discurso ante la multitud reunida en la Plaza de Mayo tras el levantamiento de los militares "carapintadas" en la Semana Santa de 1987: "Felices Pascuas. La casa está en orden". Poco después, llegarían las controvertidas leyes de perdón.
Alfonsín impulsó una activa política exterior y fue uno de los promotores de la creación del Mercosur y de la firma del Tratado de Paz y Amistado con Chile tras el diferendo territorial por el canal del Beagle. Pero su gestión estuvo cruzada por el fracaso de sus planes económicos y presiones externas e internas.
Tras enfrentar trece huelgas generales de los sindicatos liderados por el peronismo, jaqueado por la hiperinflación y la crisis económica, Alfonsín entregó el poder seis meses antes de la finalización de su mandato al presidente electo, el peronista Carlos Menem.
Según aseguró casi 20 años después, en su gobierno "quedó pendiente de resolución la cuestión de la inequidad social". "Aunque debo decir que esa inequidad se multiplicó en la década siguiente", durante la gestión menemista, señaló.
Tras dejar el poder, no se alejó de la política, al contrario. Fue parte crucial del cuestionado Pacto de Olivos, en el que acordó con Menem la reforma en 1994 de la Constitución que le permitiría al líder peronista postularse a la reelección.